El cuidador

Día del Cuidador - el blog de María Fernández Dobao

El lunes escuché en la radio que era “El día del cuidador” y pensé en escribir sobre ello al llegar a casa, el caso es que hasta ahora no he podido sentarme a plasmar lo que pienso al respecto.
Los cuidadores, los remunerados y los no remunerados, son dignos de una total admiración por mi parte. Y hablo con conocimiento de causa. En un momento determinado de mi vida surgió la necesidad de contratar una cuidadora, Emi fue primero y Eli después, y a ambas les estaré eternamente agradecida por cómo trataron a mi madre, por sus esmerados cuidados, por su atención y, sobre todo, por su cariño.

Pero quiero hablar, sobre todo, de mi experiencia como cuidadora. Puede parecer incomprensible desde un punto de vista práctico o racional, pero para mí, ser cuidadora ha sido uno de los mejores regalos que me ha hecho la vida. Y doy gracias a Dios por ello. Supuso la oportunidad de devolver al menos una mínima parte de lo que me había sido dado, reconozco que en un primer momento no pensé en eso, el impulso de cuidar llegó a la vez que el diagnóstico, la pasión, ese lado irracional que sale directamente del corazón no dudó en decir, sin palabras y sin buscar una razón, “siempre a tu lado”.

Mi vida cambió porque así lo quise, quizá dejó de corresponderse con la de la mayoría de las chicas de mi edad, pero sin duda era la vida que, en ese momento, yo quería llevar. Hubo momentos durísimos, la situación en sí era objetivamente dura, pero las fuerzas salen de no sabes dónde, y la plenitud que puedes llegar a sentir por un amor entregado de un modo absolutamente desinteresado, amor en estado puro, es inmensa.
Me convertí en madre sin serlo, en enfermera, en chófer, en psicóloga, en organizadora, en secretaria y en todo lo que conlleva procurarle a alguien una vida más digna y fácil. No soy de las que cree que el amor todo lo puede, pero sí que facilita y hace posible cosas como esta, porque sin la fuerza del amor imagino esta labor como imposible.

Cuidar es un desgaste físico y emocional que no siempre es percibido en su dimensión por el entorno, es una actividad que no entiende de horas ni de festivos ni de vacaciones y que, en muchas ocasiones, dura años. Cuidar es, en cierto modo, una actividad de riesgo que puede derivar en “el síndrome del cuidador”. Dar amor es gratificante, cuidar a quien más quieres también, pero hay que reconocer las dificultades a las que se enfrenta el cuidador y la dureza de determinados momentos, situaciones y decisiones que debe tomar. Por eso es importante que el cuidador se cuide a todos los niveles y que sea cuidado por los demás. Yo también tuve esa suerte.

A ser cuidador nadie te enseña, pero ser cuidador te enseña mucho: humildad, amor, agradecimiento, paciencia, relativizar, priorizar, etc. Todo mi apoyo a los cuidadores, no les tengamos en cuenta únicamente cuando se celebra “El día del cuidador”, seamos agradecidos y cuidémosles porque, gracias a ellos, vivimos todos mejor.

María

 
Para recibir las entradas en tu correo electrónico pincha aquí.

Si te ha gustado la entrada puedes compartirla en:

España

España - El blog de María Fernández Dobao

Hoy no podía ser otro el tema de la entrada. Hoy es nuestro día, el día de los españoles, la Fiesta Nacional de España, el día de la Hispanidad y la festividad de la Virgen de la Pilar que, al contrario de lo que popularmente se cree, no es la Patrona de España. Nuestra patrona es la Inmaculada Concepción y, después de unas cuantas lecturas, no sabría concluir si la Patrona de la Hispanidad es la Virgen de Guadalupe o la del Pilar.
Un día como hoy, en 1492, Colón llegó a América y tomó posesión de la tierra en nombre de los Reyes Católicos; ese día se convirtió en un día de celebración en España y muchos países latinoamericanos. Empezó llamándose Día de la Raza, después Día de la Hispanidad y, desde 1987, Fiesta Nacional de España.

No voy a escribir sobre la pena que me da ver en qué se está convirtiendo España en algunos aspectos, prefiero alabar sus bondades y su belleza y proclamarme orgullosa de ser española. Precisamente estoy ahora en una de su preciosas ciudades, llena de historia y belleza y muestra de la convivencia de diferentes culturas. He tenido la suerte de viajar desde pequeña con mis padres y de que me inculcaran esa inquietud por descubrir y conocer la historia, la cultura, el arte, la gastronomía, las tradiciones y las maravillas que tiene España. De norte a sur y de este a oeste, reconozco que me queda alguna provincia, pero con orgullo puedo decir que he estado en la gran mayoría. Es conocido mi amor por el sur, si bien no puedo negar la belleza del resto y lo bien que me siento vaya donde vaya, ahora mismo no recuerdo ningún sitio que haya dicho “no me ha gustado”, porque cuando alguna ciudad me ha parecido menos bonita, me sorprende con una provincia con lugares maravillosos, todas tiene algo. La historia que esconden edificios, palacios, castillos, fortalezas, monasterios, iglesias, catedrales…; me encanta imaginarlos en la época en que fueron construidos, soñar con la vida en aquellos momentos, y me sigue impactando que hayan llegado a nuestros días. Por no hablar de los parques naturales, las costas, la gastronomía, las fiestas, el color, la luz, el clima…

Escribo desde un patio blanco, flanqueada por azulejos geométricos, celosías y macetas de flores y escuchando el agua de fondo. Me esperan fuera callejas con embrujo que me trasladan a las culturas judía, musulmana y cristiana.
Lo reconozco, estoy enamorada de país. Y recomiendo las posibilidades que nos ofrece. Me encanta viajar fuera también, pero me da pena que en muchas ocasiones se menosprecie lo que tenemos y nos cieguen los destinos lejanos con todo lo que tenemos aquí para disfrutar.
Viva España.

María

 
Para recibir las entradas en tu correo electrónico pincha aquí.

Si te ha gustado la entrada puedes compartirla en:

Cuestión de educación

El blog de María Fernández Dobao - Cuestión de educación

La gratitud ennoblece, la ingratitud envilece“. Esta publicación de del #refraneroprotocolero que María Gómez generosamente comparte en su blog, Protocolo con Corsé, ha sido mi fuente de inspiración para la entrada de esta semana. Más bien ha sido el empujón para sentarme a escribir sobre algo que desde hace tiempo me ronda: la mala educación o la falta de ella.

Según me enseñaron, y según considero, hay dos aspectos que podrían situarse en el nivel básico de educación y que gran parte de la población no tiene asimilados: saludar y dar las gracias. Esto último, además, me parece un acto de justicia: recibes y das. Desde hace tiempo observo con asombro la falta de agradecimiento en ocasiones tan obvias como la recepción de un regalo, una visita, un detalle, un favor o una invitación. Me quedo perpleja y me pregunto si evitar “por favor” y “gracias” responde a una actitud de soberbia por la otra parte, de desprecio o, sencillamente, de mala o nula educación. En casa me enseñaron que “es de bien nacido ser agradecido” y procuro serlo, por educación, por respeto, por la belleza que esconde la palabra “gracias” y porque así me siento mejor.

En cuanto a los saludos, reconozco que el problema lo veo en los más jóvenes, quizá por mi continuo contacto con ellos al dedicarme a la enseñanza. Siempre que me cruzo con ellos en la escalera o en el pasillo digo “hola” y prácticamente nunca recibo respuesta, y más grave me parece aún cuando entro en clase: no solo no responden al saludo, ni siquiera se inmutan la mayoría de ellos. Me parece bastante preocupante. En dos semanas de curso ya he llamado la atención a unos cuantos por este tema, deben odiarme, pero creo que no se puede trabajar en un centro educativo y permanecer en silencio ante estas faltas.

Seguiré defendiendo la buena educación y continuaré empeñándome en ella. Me siento muy orgullosa de la que he recibido por parte de mis padres y de mis profesores y, aunque parece no estar de moda, no voy a dejar de saludar ni de dar las gracias, ni de considerar que se debe dejar salir antes de entrar, ceder el asiento a personas mayores, descubrirse la cabeza al entrar en un sitio cerrado, colocar las manos encima de la mesa, etc.

Llamadme anticuada, pero con educación todo es más fácil y mejor.

María

 
Para recibir las entradas en tu correo electrónico pincha aquí.

Si te ha gustado la entrada puedes compartirla en:

Septiembre

Septiembre - El blog de María Fernández Dobao

Septiembre olía a tierra mojada, se veía con la luz que anunciaba el fin del verano y se sentía con fresquito por la mañana. Septiembre era el mes de la vuelta al cole, de tardes de aironfix forrando libros y de reencuentros. Septiembre era el mes de cambiar las chanclas por los zapatos y de probarse los uniformes. Y, sobre todo, septiembre era el mes de las celebraciones familiares, de infinitos cumpleaños que nos introdujeron en la buena costumbre de celebrar siempre la vida. Septiembre era un mes de fiestas que amortiguaba lo que ahora se llama “síndrome post-vacacional”, transcurría en un continuo de celebraciones que apenas daba respiro a la economía y al estómago, pero que vivíamos con gran entusiasmo.

Anoche hubo tormenta en Madrid. El olor que entraba por la ventana, colándose por los pliegues de los visillos, me hizo recordar todo aquello; pocos olores hay que me gusten tanto y me transporten a escenarios tan queridos y recordados. Veranos de hortensias, pendientes de la reina y claveles chinos, de circuitos en bicicleta y de noches de escondite, de interminables partidas de Monopoly y Continental y del sonido de esa campana que anunciaba que alguien había llegado. Quizá debería escribir algún día sobre ello y no solo sobre este mes que acaba de empezar.

Ahora septiembre se presenta de otra manera, la incertidumbre ha ganado terreno a la seguridad y la independencia a la convivencia, pero hay cosas que permanecen inmutables, como ese olor a tierra mojada y esas ganas de celebrar la vida. Vamos a por él, ¡bienvenido, septiembre!

María

 
Para recibir las entradas en tu correo electrónico pincha aquí.

Si te ha gustado la entrada puedes compartirla en: