¿Esto qué es?

Esto qué es - El blog de María Fernández Dobao

«¿Esto qué es?» Últimamente recuerdo mucho a mi gitanilla con su gesto de extrañeza, teatrera como ella sola, preguntando «¿esto qué es?» cuando escucha en el coche una canción que no conoce. Es lo que me viene a la cabeza cada vez que leo una noticia. Ayer le comentaba a un par de amigos que tenía ganas de escribir, pero que no me ponía a ello porque no sabía por dónde iba a salir, si mostrando mi perpelejidad ante lo que estamos viviendo o haciendo un elogio de la amistad, todo es posible… Y al final aquí estoy, tecleando esta entrada sin saber por dónde voy a tirar mientras escucho «La Creación» de Haydn, recomendación de mi querido Juan Isasa al final del primer capítulo de su último y póstumo libro.

Ayer me dí cuenta de que echaba de menos el plan de la mañana de los domingos en confinamiento: olvidarme de todo y disfrutar de la lectura en la butaca de al lado de la ventana. Así que hoy lo he retomado a primera hora, más tarde es inviable a menos que ponga el aire acondicionado. El caso es que he decidido que ese va a ser mi plan de vacaciones: olvidarme de todo y leer, tengo la sensación de recibir bastante información por diferentes medios, noticias que hacen que me pregunte continuamente «¿esto qué es?» y «¿qué narices estamos viviendo?», y no por la pandemia únicamente, sino por el despropósito continuo que supone la falta de valores, de verdades, de exigencia, de compromiso, de libertad, de coherencia, de responsabilidad, de humildad, de reacción… No sigo. Basta.

Empiezo hoy mis vacaciones informativas, no voy a esperar a estar en el paraíso, ni a que sea lunes, ni a que sea día 15, no, ¿para qué si puedo empezar hoy mismo? Me asomaré esta semana a las redes sociales únicamente para compartir algo que merece la pena en estos momentos: el apoyo a la cultura. Como comentaba el otro día en una publicación, la cultura también necesita salir adelante, también necesita volver. He ido a espectáculos después del confinamiento y, además de disfrutar, han sido en lugares donde me he sentido totalmente segura respecto al COVID. Anoche fue un concierto de jazz, la semana que viene teatro y exposición. Por ellos y por mí, es tan enriquecedor…

Comentaba al principio que no sabía si al ponerme a escribir iba a salir todo el cúmulo de despropósitos que estamos viviendo o un elogio a la amistad. Esto último igual me daba para otro libro, pero no quiero acabar esta entrada sin hacer referencia a pequeños detalles que esta semana me han recordado lo afortunada que soy por las personas que tengo en mi vida. Un par de mensajes de dos personas muy especiales para mí, una charla en la que fluyen los temas de conversación después de meses sin disfrutar un mano a mano, un regalo inesperado «porque sí», una alusión cómplice, las ganas de estar juntos, abrazos del corazón ahora que los brazos parecen atados. Todo esto no ocupa en la maleta pero llena la vida. Y es lo que me llevo al paraíso.

Feliz agosto. Nos vemos a la vuelta.

María

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Un verano diferente

Un verano diferentes - El blog de María Fernández Dobao

Ya está aquí el verano, un verano diferente. Tras una primavera que jamás imaginamos vivir, por fin hemos cambiado de estación con la posibilidad de disfrutar de lo que antes teníamos al alcance de la mano y que, durante unos meses, no ha sido más que un recuerdo convertido en la esperanza de volver.

Veranos de familia, hortensias, bicicletas, piscina, tenis, partidas de «Continental» y «Monopoly» y noches de «Escondite». Veranos de cursos para no dejar que las manos ni la cabeza se oxidaran. Veranos de viajes increíbles descubriendo lugares maravillosos, siempre muy bien acompañada. Veranos en mi paraíso. Veranos de oposiciones. Y, ahora, verano de reencuentros.

Privilegiada, una vez más, por reencontrarme no solo con mi familia y mi «gente del corazón», como decía el otro día una gran amiga, privilegiada también por empezar el mes de julio contemplando el mar con el corazón lleno de amor y felicidad, por disfrutar de mis dos ciudades con ojos de turista a quien todo sorprende y maravilla, por sentir las piernas temblar en el hipódromo ante la victoria de la recuperada cuadra Palco 7, por reencontrarme con el arte, la naturaleza y la cultura en directo, por seguir teniendo a los que más quiero a mi lado.

Verano de nueva normalidad, lo llaman. Más bien de nueva anormalidad, diría yo. No puedo considerar normal no besar a mi padre y no abrazar a los que forman parte de mí, ni que el miedo sobrevuele a mis compañeros de viaje, ni que en un teatro los aplausos se sientan dispersos y no en bloque, por no hablar de la cantidad de desgracias personales y profesionales que está dejando esta pandemia. No, esto no es normal, es una realidad que nos toca vivir ahora, y más nos vale ser responsables para evitar males mayores, pero con la esperanza de una normalidad en la que quepa ver las sonrisas más allá que en los ojos y en la que dejen de correr tantas lágrimas.

Verano diferente, pero verano con muchas ganas. Pese al calor, pese a las mascarillas, pese a las limitaciones, pese a todo, pero siempre agradecida por seguir aquí.

Te deseo un buen verano.

María

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Madrid

Madrid - EL blog de María Fernández Dobao

Madrid, cuánto te echo de menos. La entrada de hoy solo podía ser para ti. Hoy es tu día, uno de tus días grandes, el de tu patrón: San Isidro Labrador. Es un día de fiesta para los madrileños y, pese al confinamiento, no voy a dejar de celebrarlo. No habrá romería, ni verbena, ni pasacalles, ni gigantes y cabezudos, ni chulapos y chulapas en la pradera, ni se beberá agua del Santo, pero en mi casa no van a faltar la limonada ni las rosquillas, las ceremonias religiosas en la pantalla ni la comida familiar, que tendrá que ser virtual, hoy con menú especial gracias al Qüenco.

Te echo de menos, Madrid. En estos últimos meses te disfruto gracias a la lectura de Galdós, que te retrata como nadie. Me gusta pasearte y contemplarte, tu luz única, la sensación de que nunca duermes y siempre estás abierta, esa oferta de vida tan variada que, aunque no la aproveches al máximo, sabes que está ahí. No he querido verte vacía ni sentirte callada, amante como soy del silencio, me asustaba sentirlo en ti. Sé que simplemente te has tomado un respiro necesario y aparente porque, aunque no la viéramos en tus calles, tu actividad no ha parado. El ruido del tráfico ha desaparecido, las aceras han dejado de ser transitadas por multitudes, los parques se han cerrado, lo que forma tu día a día ha dejado de ser visible para centrarse en la labor de salvar nuestras vidas. No soy capaz de enumerar a todos los que debo agradecer que, con infinito y arriesgado trabajo, con enorme sacrificio, incluso con noches en vela, están cumpliendo con su deber para evitar desastres mayores. Algunos al pie del cañón, otros aguantando estoicamente en sus casas, por el bien de todos, mientras ven la ruina que se avecina en sus negocios y sus vidas.

Madrid, hay lugares en ti que forman parte de la historia y de mi historia, y sé que volveré a ellos. He tenido la suerte de que mi madre, castiza por los cuatro costados, me transmitiera el amor por ti y tus tradiciones; uno de nuestros grandes placeres era disfrutarte, tanto en tus calles como en tus teatros, tus plazas, tus cines, tus restaurantes, tus bares, tus pastelerías, tus mercados, tus museos… Hoy me acuerdo también especialmente de ella. Procuro enseñar a mis sobrinos lo que con tanto placer compartimos: meriendas en el Café de Oriente, el consomé de Lhardy, su plaza favorita, la de la Villa, la casa de la abuela María y el tío Manolo en la calle Santa Clara, la ventana del Palacio Real donde estudiaba el abuelo, la salida del Cristo de los Alabarderos y la devoción a Jesús de Medinaceli, los merlitones del Riojano, las palmeritas de Embassy, el bacalao de Casa Labra, los abanicos de Casa de Diego, las sacusquillas de Mallorca, el pincho de tortilla de José Luis, los magníficos espectáculos de Los Veranos de la Villa (por favor, alcalde, recupere cuando sea posible la programación tan buena que había hace unos años), la Feria del Libro, el mercado de San Miguel, la iglesia de San José, los turrones de Casa Mira, el hojaldre del desaparecido Niza, el café con porras, el cocido de la Bola, las fiestas de san Cayetano, san Lorenzo y la Paloma, los barquillos, el Retiro, etc. Cuánta felicidad nos has proporcionado.

Espero en casa, Madrid, confiando en que la paciencia y el buen hacer tengan su recompensa. Tenemos un alcalde que se preocupa por ti y por los madrileños, con cabeza y con corazón, que tiene claras las prioridades, que sabe ser y estar, qué menos que ser responsables nosotros también y seguir esperando para poder disfrutarte. Espero esos días en que pueda recorrerte de nuevo sin restricciones horarias ni de distancia, capaz soy de irme andando a la misma Puerta del Sol para saborear la perspectiva de la Castellana y del cruce mágico de Gran Vía y Alcalá, seguir hasta el Palacio Real, la plaza de Isabel II y bajar a Plaza de España, como hice en Navidad. Volveré a las costumbres que tanto me gustan y a los sitios que tanto significan para mí, muchos ligados a personas muy importantes de mi vida porque, Madrid, tú también eres ellos. Volveré al vermouth en La Hoja, a las celebraciones en Jai Alai, a comer el magnífico escalope de La Ancha, a las representaciones de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, al cine en versión original, a un café en El Espejo, a disfrutar de grandes de la escena sobre las tablas, al teatro Real, a las exposiciones, a las carreras en el hipódromo y las corridas en las Ventas, al Auditorio Nacional, a un partido en el Wanda, a los musicales de la Gran Vía, a un tinto de verano en la terraza del Pinar, a una cena en la del Café del Río, al jardín del Lázaro Galdiano, a los conciertos del Price, a un vinito por Cuzco, a brindar con un gesto pero sin una pantalla por delante, al Capricho, a descubrir sitios nuevos porque, Madrid, nunca dejas de sorprenderme, siempre quedan cosas por descubrir en ti. Quiero volver a verte desde las alturas, disfrutar de tus tejados, subir al mirador del Retiro y a esas terrazas que nos permiten contemplarte desde otro punto de vista.

Todos los años, cuando vuelvo de vacaciones, siento un no sé qué al entrar por la M-30, cierta atracción fatal por ti. Me encanta escaparme, pero me encanta volver a casa porque tú siempre recibes con los brazos abiertos. Volverás a brillar y volverás a vibrar. Te espero, Madrid.

María

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El dibujo que ilustra esta entrada ha sido cedido por «Nely a mano»

Día de la Tía

Día de la Tía - El blog de María Fernández Dobao

Día de la Madre, Día del Padre, Día del Niño, Día de los Abuelos, Día del Beso, Día del Agua, Día del Arte, Día del Libro, Día de la Danza, Día de la Música…. Hay días para todo, ¿y el Día de los Tíos?, ¿y el de los Padrinos? Nunca he sabido que exitieran esos días y mis sobrinos y yo decidimos hace unos años instaurar el Día de la Tía el 25 de abril. Ayer, comentándolo con una amiga, me decía que el Día de los Padrinos sí existe, me he puesto a investigar y he encontrado que su Santidad Pío XII instauró esta fiesta el 24 de junio. Mi sorpresa ha sido que también hay un Día Internacional de los Tíos: el segundo domingo de octubre. Le decía ahora a mi sobrina mayor que nos viene muy bien saberlo, así este año tendremos otra oportunidad para celebrar este día estando juntos físicamente. Hoy lo vamos a celebrar, por supuesto, con videollamada y una sorpresa que les tengo preparada. Brindaremos a través de una cámara y una pantalla, pero brindaremos.

Mis sobrinos son el mejor regalo que me ha hecho mi hermano y de los mejores regalos que me ha dado la vida, a ellos quiero dedicarles hoy esta entrada. Solo tengo un hermano, pero tengo la suerte de tener más sobrinos, hijos de primos y de amigos que son familia, otro regalazo que me llena de amor y agradecimiento. Cuando los hijos de mi hermano eran pequeños me decían «pero tus sobrinos somo nosotros tres», no les faltaba razón si nos atenemos a la definición de sobrino, pero no tardaron en entender que, más allá de las definiciones, está el corazón y que el amor, cuanto más se da, más crece y más se tiene; no se pierde ni disminuye por repartirlo, al contrario.

Hoy les dedico la entrada a ellos tres: Elena, Beatriz y Nicolás. Sé que no os hace falta esta entrada para saber lo que sois para mí, pero me he levantado con ganas de escribiros. Recuerdo perfectamente el día en que nacisteis cada uno, esa emoción indescriptible al ir a veros al hospital y cogeros en mis brazos. Me acuerdo también de la primera vez que te quedaste a dormir en casa, Elena, cuando ahora lo pienso me doy cuenta de lo pequeña que eras y de mi atrevimiento inconsciente. Estaba nerviosa pensando si sabría entretenerte, compré de todo y descubrí que era más creativa de lo que pensaba. Desde entonces ha sido un no parar, y yo feliz. Cuando cumpliste dos o tres años ya empezamos también con los planes culturales de teatro y conciertos para niños, el año pasado me hiciste ver la huella que te han dejado cuando me comentaste que lo echabas de menos. Después naciste tú, Bea, mi ahijada, la independiente, y empezamos con los «planes de chicas» las tres juntas; veo ahora las fotos y recuerdo con una sonrisa los baños de princesas llenos de espuma, la pintura con témperas, las manualidades, las minipizzas, etc. Un planazo. Y por último Niquito, llegaste dándonos un pequeño susto que, gracias a Dios, no tuvo mucha importancia. Enseguida te incorporaste a nuestros planes, tan cariñoso siempre y aceptando que tenías dos «doñas» por delante que no te daban mucha opción a elegir. Todavía me pregunto cómo es posible que, hasta hace bien poco, pudiéramos dormir todos en mi cama.

Me emocionais constantemente, me muero de amor cada vez que me decís que soy como vuestra segunda madre, y ahora, Elena, hasta quieres que salgamos de cañas y sea la tía de tu grupo de amigas. ¿En qué momento os habéis hecho mayores? Desde hace un tiempo también queréis vuestro espacio individual conmigo, y me parece fenomenal; cada uno elegís vuestro plan, siempre con las ganas de quedaros a dormir en casa y disfutar de nuestras pelis y charlas nocturnas, de una partida de lo que sea y de un desayuno especial. Mis amigos me dicen que tengo mucha suerte porque todavía, con vuestra edad, sigais queriendo hacer planes juntos y quedaros a dormir en casa. Yo también lo creo.

La foto que acompaña a esta entrada fue de nuestro primer viaje juntos y solos, sin vuestros padres. Otro hito. No sabíais el destino, quería sorprenderos y lo conseguí. Ese fin de semana largo en las casas en los árboles fue una pasada, qué bien lo pasamos y cuánto compartimos. Estoy deseando que llegue el siguiente, hablábamos el otro día del que haríamos cuando cumpla 50, pero espero que podamos hacer otro antes, ¡que para los cincuenta todavía me queda! Tenemos pendiente Sevilla, lo sé, quiero llevaros a la ciudad que también habita en mi corazón, y llegará esa oportunidad más pronto que tarde.

Acabo de encargar vuestra sorpresa, en un rato haremos videollamada para celebrarlo, brindar por vosotros y por el Día de la Tía, con la confianza en poder darnos un abrazo lo antes posible. Os quiero, mis amores.

La tía María

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