Disfrutar

Pensaba yo antes de ayer lo afortunada que soy, entre otras cosas, por la capacidad que tengo de disfrutar. La capacidad o quizá el don, como ya escribí hace unos años: “Disfutar y hacer disfrutar, dos dones recibidos del Cielo por los que no dejo de dar gracias a Dios” (“El don de disfrutar“)

En poco más de una semana he tenido la suerte de ver y escuchar en directo a magníficos pianistas como son Maurizio Pollini y Javier Perianes con la London Philarmonic Orchestra, de asistir a la Gala Internacional de Magia del Circo Price, de comprobar cómo un antiguo alumno se ha convertido en un gran bailarín sin olvidarse de su época de estudiante y de reir con uno de los musicales que más años lleva en la capital. Unas veces sola y otras muy bien acompañada, pero siempre disfrutando. No quiero repetirme ni escribir una segunda parte de esa entrada llamada “El don de disfrutar” que escribí en 2013 para la revista Adiciones, puedes leerla pinchando aquí.

Pero sí quiero remarcar la fortuna que supone poder y saber disfrutar de lo que la vida nos pone por delante. No soy de las que piensa que la vida es maravillosa, que todo depende de nuestra actitud y esas cosas que están tan de moda, opino que la vida tiene momentos maravillosos, por supuesto, y otros que no lo son tanto, y el tema de la actitud daría para otra entrada, ahora no voy a meterme en ello. Simplemente quiero agradecer y compartir este don, y animarte a no dejarte vencer por la pereza o la fata de tiempo, esa gran excusa, para permitirte el gozo de disfrutar de la buena música, de una tarde haciendo galletas, de una conversación, un espectáculo, la compañía de alguien a quien quieres o incluso de la soledad. Hay tanto para disfrutar…

Ahora, por ejemplo, voy a disfrutar de mi desayuno de los viernes, ese que bien me gano después de acompañar la primera clase y antes de empezar la siguiente. No es más que un café y una tostada, simplemente eso, pero sienta tan bien… ¡Y no te digo como pueda tomármelo al solecito! Esta tarde-noche me espera la velada organizada por Arte entre Amigos y Emotion Art Gallery, un placer para los sentidos.

Todos los días tienen algo, aunque no lo creas, para disfrutar. Ya que estamos vivos, vivamos, y ya que vivimos, disfrutemos.

María

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Ay, morena

Ay morena - El blog de María Fernández Dobao

“Ay, morena”, así se llama una de las piezas que tocaba esta mañana en clase, perteneciente al Cancionero de Andalucía. Ay, morena. Tú y Andalucía, habitantes de mi corazón.

Ay, morena. Cuatro años ya. Y encuentro estas palabras de Fernando Savater que hoy hago mías: “Lo peor es descubrir que nada se derrumba después de la hecatombe, que mañana habrá otro amanecer y sus ojos no estarán para gozarlo. Lo peor es ver que los días se dilatan en su ausencia, y que no hay dolor que pare el tiempo”.

Así es. Nada se derrumba, todo sigue como si nada, menos tú, menos yo. Cuatro años de días dilatados y de dolor acostumbrado. Solo consuela saber que disfrutas de la ansiada paz y que siempre, siempre, estás con nosotros.

Te veo en todos lados y, a veces, hasta te escucho. Pero quién pudiera volver a abrazarte. Quién pudiera sentir tu mirada más allá que en el recuerdo y oir tu voz. Quién pudiera volver a sentir tu mano al despertar y recuperar tus besos.

Hace un par de días alguien me dijo que me parecía mucho a ti. No puede haber mejor piropo. Ay, morena, ojalá.

María

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La vida

LA VIDA - El blog de María Fernández Dobao

Reflexionaba yo esta semana sobre la vida cuando ayer me sorprendió la muerte. Gracias a Nuria, una magnífica persona, llegó a mis manos un texto de Bert Hellinger sobre la vida con el cual no puedo estar más de acuerdo. La vida, una gran maestra, aquella que te repite una y mil veces la lección hasta que la aprendes, pero qué gusto da cuando ya la has aprendido y puedes vivir con serenidad, en paz contigo y con la propia vida, hasta las piedras del camino. Qué suerte ser capaz de aprender.

Empezó el sábado pasado una semana en la que, además de los momentos buenos, la tristeza, la perplejidad y una alta dosis de realidad quisieron visitarme. Cuando estás “bien, contenta y tranquila”, esas tres palabras mágicas, con la lección de la vida aprendida, parece que se hace necesario un repaso para no olvidar que el aprendizaje nunca termina. Me acosté el viernes con el convencimiento de que se había tratado de una semana diferente, simplemente eso, y seguramente necesaria, pero que el sábado el zarandeo habría terminado. Me equivoqué, ayer amanecí con la noticia de que alguien muy cercano e importante para la familia había emprendido su viaje al encuentro con Dios, de Quien tanto nos habló en su vida. Tristeza. Y de nuevo el aprendizaje de poner cada cosa en su sitio y restablecer los valores.

Mañana de domingo. Bien, contenta y tranquila. Con dolor, con serenidad, con satisfacción, con agradecimiento, con ganas de seguir. Con la fortuna de haber aprendido y seguir aprendiendo y, sobre todo, de vivir.

María

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Sin propósitos

Propósitos de año nuevo - El blog de María Fernández Dobao

Empiezo a escribir aun a riesgo de que que la entrada resulte políticamente incorrecta o yo una rancia, pero lo cierto es que ni he hecho balance del año que ha terminado ni tengo ningún propósito de año nuevo. No, hace tiempo que decidí no hacer propósitos por el simple hecho de que el calendario cambie de año, no me gusta el valor tan condicionante que le damos a las fechas.

Llegué a la conclusión de que los propósitos no me servían de mucho, me resuta más útil hacer, actuar. Los propósitos acababan condicionando mi libertad, impidiéndome hacer otras cosas que me harían sentir mejor. He aprendido a valorar mi tiempo, a confiar en mí y en mis decisiones y a establecer prioridades, y eso es lo que me va indicando el ritmo y la actividad de cada día. En función de eso hago, en función de eso actúo, y evito que los propósitos se queden en buenas intenciones, que de poco valen. Por ejemplo: en septiembre me fijé tres propósitos: dedicar la tarde de los martes a estudiar, la mañana de los domingos a escribir y gastar menos en regalos. No he cumplido ninguno de los tres, ¿por qué?, porque la motivación quizá no era la suficiente, porque, en general, no me gustan las cosas por obligación, porque quiero sentirme libre para organizar mi tiempo y mi dinero, porque mi prioridad esos días ha podido ser descansar, ver amigos o vete a saber qué, porque me pueden las ganas de regalar aunque mi cuenta no remonte. Sin embargo, desde septiembre he conseguido cosas buenas para mí sin proponérmelo, simplemente haciendo. Por ejemplo, hacer ejercicio casi a diario: no me lo propuse, simplemente lo hice porque lo sentía así, sin pensarlo antes, me levanté un día y me subía a la bici. Y lo mantengo porque me hace sentir bien, conviriténdose en una prioridad, pero con la cabeza suficiente para colocarlo en su justo lugar y evitar que sea una obligación que pese más que aporte.

Estos son días, como después de verano, en que oyes esos propósitos de estudiar inglés, ir al gimnasio, ahorrar, organizarse mejor, leer más, etc., pienso “no te lo propongas, simplemente hazlo” y, sobre todo, haz lo que te haga sentir bien. Cada vez soy menos partidaria de forzar, ni relaciones, ni actividades, ni situaciones, ni nada. Cada vez me muevo más por lo que siento.

Realmente he comenzado esta entrada mintiendo, no es verdad que no tenga ningún propósito, sí tengo uno: vivir. O, mejor dicho, seguir viviendo, porque eso es una actitud diaria que no cambia porque pase la hoja del calendario o de la agenda. Seguir viviendo, con todo lo que eso implica. Soy afortunada por todo lo que he ido aprendiendo, sobre todo en los últimos años, que me ha llevado a vivir intensamente con amor, con dolor, con risas, con llantos, con confianza, con desesperación, con asombro, con aceptación, con nerviosismo, con serenidad…; con todos los colores que la propia naturaleza nos da, porque la vida es eso, no es ni blanco ni negro, ni mucho menos de color de rosa, la clave está en apreciar la virtud de cada color.

María 

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