Ay, morena

Ay morena - El blog de María Fernández Dobao

“Ay, morena”, así se llama una de las piezas que tocaba esta mañana en clase, perteneciente al Cancionero de Andalucía. Ay, morena. Tú y Andalucía, habitantes de mi corazón.

Ay, morena. Cuatro años ya. Y encuentro estas palabras de Fernando Savater que hoy hago mías: “Lo peor es descubrir que nada se derrumba después de la hecatombe, que mañana habrá otro amanecer y sus ojos no estarán para gozarlo. Lo peor es ver que los días se dilatan en su ausencia, y que no hay dolor que pare el tiempo”.

Así es. Nada se derrumba, todo sigue como si nada, menos tú, menos yo. Cuatro años de días dilatados y de dolor acostumbrado. Solo consuela saber que disfrutas de la ansiada paz y que siempre, siempre, estás con nosotros.

Te veo en todos lados y, a veces, hasta te escucho. Pero quién pudiera volver a abrazarte. Quién pudiera sentir tu mirada más allá que en el recuerdo y oir tu voz. Quién pudiera volver a sentir tu mano al despertar y recuperar tus besos.

Hace un par de días alguien me dijo que me parecía mucho a ti. No puede haber mejor piropo. Ay, morena, ojalá.

María

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La vida

LA VIDA - El blog de María Fernández Dobao

Reflexionaba yo esta semana sobre la vida cuando ayer me sorprendió la muerte. Gracias a Nuria, una magnífica persona, llegó a mis manos un texto de Bert Hellinger sobre la vida con el cual no puedo estar más de acuerdo. La vida, una gran maestra, aquella que te repite una y mil veces la lección hasta que la aprendes, pero qué gusto da cuando ya la has aprendido y puedes vivir con serenidad, en paz contigo y con la propia vida, hasta las piedras del camino. Qué suerte ser capaz de aprender.

Empezó el sábado pasado una semana en la que, además de los momentos buenos, la tristeza, la perplejidad y una alta dosis de realidad quisieron visitarme. Cuando estás “bien, contenta y tranquila”, esas tres palabras mágicas, con la lección de la vida aprendida, parece que se hace necesario un repaso para no olvidar que el aprendizaje nunca termina. Me acosté el viernes con el convencimiento de que se había tratado de una semana diferente, simplemente eso, y seguramente necesaria, pero que el sábado el zarandeo habría terminado. Me equivoqué, ayer amanecí con la noticia de que alguien muy cercano e importante para la familia había emprendido su viaje al encuentro con Dios, de Quien tanto nos habló en su vida. Tristeza. Y de nuevo el aprendizaje de poner cada cosa en su sitio y restablecer los valores.

Mañana de domingo. Bien, contenta y tranquila. Con dolor, con serenidad, con satisfacción, con agradecimiento, con ganas de seguir. Con la fortuna de haber aprendido y seguir aprendiendo y, sobre todo, de vivir.

María

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Sin propósitos

Propósitos de año nuevo - El blog de María Fernández Dobao

Empiezo a escribir aun a riesgo de que que la entrada resulte políticamente incorrecta o yo una rancia, pero lo cierto es que ni he hecho balance del año que ha terminado ni tengo ningún propósito de año nuevo. No, hace tiempo que decidí no hacer propósitos por el simple hecho de que el calendario cambie de año, no me gusta el valor tan condicionante que le damos a las fechas.

Llegué a la conclusión de que los propósitos no me servían de mucho, me resuta más útil hacer, actuar. Los propósitos acababan condicionando mi libertad, impidiéndome hacer otras cosas que me harían sentir mejor. He aprendido a valorar mi tiempo, a confiar en mí y en mis decisiones y a establecer prioridades, y eso es lo que me va indicando el ritmo y la actividad de cada día. En función de eso hago, en función de eso actúo, y evito que los propósitos se queden en buenas intenciones, que de poco valen. Por ejemplo: en septiembre me fijé tres propósitos: dedicar la tarde de los martes a estudiar, la mañana de los domingos a escribir y gastar menos en regalos. No he cumplido ninguno de los tres, ¿por qué?, porque la motivación quizá no era la suficiente, porque, en general, no me gustan las cosas por obligación, porque quiero sentirme libre para organizar mi tiempo y mi dinero, porque mi prioridad esos días ha podido ser descansar, ver amigos o vete a saber qué, porque me pueden las ganas de regalar aunque mi cuenta no remonte. Sin embargo, desde septiembre he conseguido cosas buenas para mí sin proponérmelo, simplemente haciendo. Por ejemplo, hacer ejercicio casi a diario: no me lo propuse, simplemente lo hice porque lo sentía así, sin pensarlo antes, me levanté un día y me subía a la bici. Y lo mantengo porque me hace sentir bien, conviriténdose en una prioridad, pero con la cabeza suficiente para colocarlo en su justo lugar y evitar que sea una obligación que pese más que aporte.

Estos son días, como después de verano, en que oyes esos propósitos de estudiar inglés, ir al gimnasio, ahorrar, organizarse mejor, leer más, etc., pienso “no te lo propongas, simplemente hazlo” y, sobre todo, haz lo que te haga sentir bien. Cada vez soy menos partidaria de forzar, ni relaciones, ni actividades, ni situaciones, ni nada. Cada vez me muevo más por lo que siento.

Realmente he comenzado esta entrada mintiendo, no es verdad que no tenga ningún propósito, sí tengo uno: vivir. O, mejor dicho, seguir viviendo, porque eso es una actitud diaria que no cambia porque pase la hoja del calendario o de la agenda. Seguir viviendo, con todo lo que eso implica. Soy afortunada por todo lo que he ido aprendiendo, sobre todo en los últimos años, que me ha llevado a vivir intensamente con amor, con dolor, con risas, con llantos, con confianza, con desesperación, con asombro, con aceptación, con nerviosismo, con serenidad…; con todos los colores que la propia naturaleza nos da, porque la vida es eso, no es ni blanco ni negro, ni mucho menos de color de rosa, la clave está en apreciar la virtud de cada color.

María 

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Las chicas del séptimo

LAS CHICAS DEL SÉPTIMO - EL BLOG DE MARÍA FERNÁNDEZ DOBAO

Llevo unos días dudando si escribir esta entrada en el blog de Arte entre Amigos o en este, el mío personal. Lo cierto es que conocí Cenas Adivina gracias a Arte entre Amigos, pero la atmósfera y las relaciones que allí se generan traspasan lo laboral sin ninguna duda. En mi primera cena conocí a unas mujeres maravillosas que a día de hoy son mis amigas: Rocío y Raquel, de “Cookies Love Milk” y Estrella de Pablo, ilustradora y creadora del blog “Un blog y un paraguas en Londres”. Son estas relaciones surgidas a partir de las cenas, ese sentimiento personal con todo lo vivido gracias a ellas, las que me han llevado a escribir finalmente esta entrada en este blog.

Las chicas del séptimo” surge, precisamente, por iniciativa de Josunne, una mujer imparable y fiel seguidora de las Cenas Adivina que decidió dar forma a todas esas relaciones que se iban generando, facilitando así el contacto y el conocimiento de más personas interesantes. Ese grupo no ha parado de crecer, y Josunne se embarcó hace unos meses en la idea de juntarnos en un brunch el pasado 1 de diciembre. No pude disfrutarlo todo lo que me hubiera gustado por tener que trabajar ese mediodía, pero no puedo dejar de dedicar una entrada a ese evento en el que el cariño y la profesionalidad en su preparación y desarrollo ha sido increíble. El lema fue “Todas somos mujeres emprendedoras, tan distintas y únicas, con mucho para contar, pero sobre todo, dar”. No faltó detalle.

Tuve la alegría de reencontrarme con Nekane, con Marga, con Nadia, con Isabela, con las chicas de Emma Ascot, con Silvia, Montse, María José, … Mujeres maravillosas que, por diferentes motivos, me han hecho sentir especial y me han llegado al corazón, mujeres que de repente se te acercan sin conocerte a decirte que les emociona lo que escribes, o que no dudan en recomendar Arte entre Amigos por una confianza plena en la idea y en mí. Regalos que te da la vida sin ni siquiera pedirlos y cuando y donde menos te lo esperas.

Las Cenas Adivina y las Chicas del Séptimo superan cualquier idea de networking que se pueda tener, las Cenas y las Chicas del Séptimo se centran en las personas. Muchas gracias por ese esíritu y esa buena energía. Así da gusto. Esta entrada va por vosotras.

María

 
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