Madrid

Madrid - EL blog de María Fernández Dobao

Madrid, cuánto te echo de menos. La entrada de hoy solo podía ser para ti. Hoy es tu día, uno de tus días grandes, el de tu patrón: San Isidro Labrador. Es un día de fiesta para los madrileños y, pese al confinamiento, no voy a dejar de celebrarlo. No habrá romería, ni verbena, ni pasacalles, ni gigantes y cabezudos, ni chulapos y chulapas en la pradera, ni se beberá agua del Santo, pero en mi casa no van a faltar la limonada ni las rosquillas, las ceremonias religiosas en la pantalla ni la comida familiar, que tendrá que ser virtual, hoy con menú especial gracias al Qüenco.

Te echo de menos, Madrid. En estos últimos meses te disfruto gracias a la lectura de Galdós, que te retrata como nadie. Me gusta pasearte y contemplarte, tu luz única, la sensación de que nunca duermes y siempre estás abierta, esa oferta de vida tan variada que, aunque no la aproveches al máximo, sabes que está ahí. No he querido verte vacía ni sentirte callada, amante como soy del silencio, me asustaba sentirlo en ti. Sé que simplemente te has tomado un respiro necesario y aparente porque, aunque no la viéramos en tus calles, tu actividad no ha parado. El ruido del tráfico ha desaparecido, las aceras han dejado de ser transitadas por multitudes, los parques se han cerrado, lo que forma tu día a día ha dejado de ser visible para centrarse en la labor de salvar nuestras vidas. No soy capaz de enumerar a todos los que debo agradecer que, con infinito y arriesgado trabajo, con enorme sacrificio, incluso con noches en vela, están cumpliendo con su deber para evitar desastres mayores. Algunos al pie del cañón, otros aguantando estoicamente en sus casas, por el bien de todos, mientras ven la ruina que se avecina en sus negocios y sus vidas.

Madrid, hay lugares en ti que forman parte de la historia y de mi historia, y sé que volveré a ellos. He tenido la suerte de que mi madre, castiza por los cuatro costados, me transmitiera el amor por ti y tus tradiciones; uno de nuestros grandes placeres era disfrutarte, tanto en tus calles como en tus teatros, tus plazas, tus cines, tus restaurantes, tus bares, tus pastelerías, tus mercados, tus museos… Hoy me acuerdo también especialmente de ella. Procuro enseñar a mis sobrinos lo que con tanto placer compartimos: meriendas en el Café de Oriente, el consomé de Lhardy, su plaza favorita, la de la Villa, la casa de la abuela María y el tío Manolo en la calle Santa Clara, la ventana del Palacio Real donde estudiaba el abuelo, la salida del Cristo de los Alabarderos y la devoción a Jesús de Medinaceli, los merlitones del Riojano, las palmeritas de Embassy, el bacalao de Casa Labra, los abanicos de Casa de Diego, las sacusquillas de Mallorca, el pincho de tortilla de José Luis, los magníficos espectáculos de Los Veranos de la Villa (por favor, alcalde, recupere cuando sea posible la programación tan buena que había hace unos años), la Feria del Libro, el mercado de San Miguel, la iglesia de San José, los turrones de Casa Mira, el hojaldre del desaparecido Niza, el café con porras, el cocido de la Bola, las fiestas de san Cayetano, san Lorenzo y la Paloma, los barquillos, el Retiro, etc. Cuánta felicidad nos has proporcionado.

Espero en casa, Madrid, confiando en que la paciencia y el buen hacer tengan su recompensa. Tenemos un alcalde que se preocupa por ti y por los madrileños, con cabeza y con corazón, que tiene claras las prioridades, que sabe ser y estar, qué menos que ser responsables nosotros también y seguir esperando para poder disfrutarte. Espero esos días en que pueda recorrerte de nuevo sin restricciones horarias ni de distancia, capaz soy de irme andando a la misma Puerta del Sol para saborear la perspectiva de la Castellana y del cruce mágico de Gran Vía y Alcalá, seguir hasta el Palacio Real, la plaza de Isabel II y bajar a Plaza de España, como hice en Navidad. Volveré a las costumbres que tanto me gustan y a los sitios que tanto significan para mí, muchos ligados a personas muy importantes de mi vida porque, Madrid, tú también eres ellos. Volveré al vermouth en La Hoja, a las celebraciones en Jai Alai, a comer el magnífico escalope de La Ancha, a las representaciones de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, al cine en versión original, a un café en El Espejo, a disfrutar de grandes de la escena sobre las tablas, al teatro Real, a las exposiciones, a las carreras en el hipódromo y las corridas en las Ventas, al Auditorio Nacional, a un partido en el Wanda, a los musicales de la Gran Vía, a un tinto de verano en la terraza del Pinar, a una cena en la del Café del Río, al jardín del Lázaro Galdiano, a los conciertos del Price, a un vinito por Cuzco, a brindar con un gesto pero sin una pantalla por delante, al Capricho, a descubrir sitios nuevos porque, Madrid, nunca dejas de sorprenderme, siempre quedan cosas por descubrir en ti. Quiero volver a verte desde las alturas, disfrutar de tus tejados, subir al mirador del Retiro y a esas terrazas que nos permiten contemplarte desde otro punto de vista.

Todos los años, cuando vuelvo de vacaciones, siento un no sé qué al entrar por la M-30, cierta atracción fatal por ti. Me encanta escaparme, pero me encanta volver a casa porque tú siempre recibes con los brazos abiertos. Volverás a brillar y volverás a vibrar. Te espero, Madrid.

María

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El dibujo que ilustra esta entrada ha sido cedido por «Nely a mano»

Día de la Tía

Día de la Tía - El blog de María Fernández Dobao

Día de la Madre, Día del Padre, Día del Niño, Día de los Abuelos, Día del Beso, Día del Agua, Día del Arte, Día del Libro, Día de la Danza, Día de la Música…. Hay días para todo, ¿y el Día de los Tíos?, ¿y el de los Padrinos? Nunca he sabido que exitieran esos días y mis sobrinos y yo decidimos hace unos años instaurar el Día de la Tía el 25 de abril. Ayer, comentándolo con una amiga, me decía que el Día de los Padrinos sí existe, me he puesto a investigar y he encontrado que su Santidad Pío XII instauró esta fiesta el 24 de junio. Mi sorpresa ha sido que también hay un Día Internacional de los Tíos: el segundo domingo de octubre. Le decía ahora a mi sobrina mayor que nos viene muy bien saberlo, así este año tendremos otra oportunidad para celebrar este día estando juntos físicamente. Hoy lo vamos a celebrar, por supuesto, con videollamada y una sorpresa que les tengo preparada. Brindaremos a través de una cámara y una pantalla, pero brindaremos.

Mis sobrinos son el mejor regalo que me ha hecho mi hermano y de los mejores regalos que me ha dado la vida, a ellos quiero dedicarles hoy esta entrada. Solo tengo un hermano, pero tengo la suerte de tener más sobrinos, hijos de primos y de amigos que son familia, otro regalazo que me llena de amor y agradecimiento. Cuando los hijos de mi hermano eran pequeños me decían «pero tus sobrinos somo nosotros tres», no les faltaba razón si nos atenemos a la definición de sobrino, pero no tardaron en entender que, más allá de las definiciones, está el corazón y que el amor, cuanto más se da, más crece y más se tiene; no se pierde ni disminuye por repartirlo, al contrario.

Hoy les dedico la entrada a ellos tres: Elena, Beatriz y Nicolás. Sé que no os hace falta esta entrada para saber lo que sois para mí, pero me he levantado con ganas de escribiros. Recuerdo perfectamente el día en que nacisteis cada uno, esa emoción indescriptible al ir a veros al hospital y cogeros en mis brazos. Me acuerdo también de la primera vez que te quedaste a dormir en casa, Elena, cuando ahora lo pienso me doy cuenta de lo pequeña que eras y de mi atrevimiento inconsciente. Estaba nerviosa pensando si sabría entretenerte, compré de todo y descubrí que era más creativa de lo que pensaba. Desde entonces ha sido un no parar, y yo feliz. Cuando cumpliste dos o tres años ya empezamos también con los planes culturales de teatro y conciertos para niños, el año pasado me hiciste ver la huella que te han dejado cuando me comentaste que lo echabas de menos. Después naciste tú, Bea, mi ahijada, la independiente, y empezamos con los «planes de chicas» las tres juntas; veo ahora las fotos y recuerdo con una sonrisa los baños de princesas llenos de espuma, la pintura con témperas, las manualidades, las minipizzas, etc. Un planazo. Y por último Niquito, llegaste dándonos un pequeño susto que, gracias a Dios, no tuvo mucha importancia. Enseguida te incorporaste a nuestros planes, tan cariñoso siempre y aceptando que tenías dos «doñas» por delante que no te daban mucha opción a elegir. Todavía me pregunto cómo es posible que, hasta hace bien poco, pudiéramos dormir todos en mi cama.

Me emocionais constantemente, me muero de amor cada vez que me decís que soy como vuestra segunda madre, y ahora, Elena, hasta quieres que salgamos de cañas y sea la tía de tu grupo de amigas. ¿En qué momento os habéis hecho mayores? Desde hace un tiempo también queréis vuestro espacio individual conmigo, y me parece fenomenal; cada uno elegís vuestro plan, siempre con las ganas de quedaros a dormir en casa y disfutar de nuestras pelis y charlas nocturnas, de una partida de lo que sea y de un desayuno especial. Mis amigos me dicen que tengo mucha suerte porque todavía, con vuestra edad, sigais queriendo hacer planes juntos y quedaros a dormir en casa. Yo también lo creo.

La foto que acompaña a esta entrada fue de nuestro primer viaje juntos y solos, sin vuestros padres. Otro hito. No sabíais el destino, quería sorprenderos y lo conseguí. Ese fin de semana largo en las casas en los árboles fue una pasada, qué bien lo pasamos y cuánto compartimos. Estoy deseando que llegue el siguiente, hablábamos el otro día del que haríamos cuando cumpla 50, pero espero que podamos hacer otro antes, ¡que para los cincuenta todavía me queda! Tenemos pendiente Sevilla, lo sé, quiero llevaros a la ciudad que también habita en mi corazón, y llegará esa oportunidad más pronto que tarde.

Acabo de encargar vuestra sorpresa, en un rato haremos videollamada para celebrarlo, brindar por vosotros y por el Día de la Tía, con la confianza en poder darnos un abrazo lo antes posible. Os quiero, mis amores.

La tía María

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Ellos

Ellos los sacerdotes - el blog de Maria

Llevo días dándole vueltas a escribir una entrada dedicada a los religiosos, a sacerdotes y monjas que tan buena labor están haciendo también en tiempos de coronavirus y de los que tan poco se habla. Desde mi espacio para expresarme, quiero rendirles aunque sea un pequeño homenaje.

El otro día contesté a un tweet de Rosa Montero que decía «Yo no veo que la Iglesia esté haciendo nada solidario en estos momentos tremendos. Aportad edificios, dinero, apoyo, ALGO, por favor. Sois el colectivo más invisible de esta crisis«. Cabrían muchas respuestas a ese comentario, me limité a ser correcta y hacerle ver a la conocida escritora que está muy equivocada: «Que no se dé publicidad a su labor no quiere decir que no la hagan: han cedido edificios, atienden en hospitales, llevan comida a quien lo necesitan, acogen gente, fabrican mascarillas, etc.» Se me ocurren bastantes colectivos mucho más invisibles, entre otras cosas porque no están haciendo absolutamente nada útil en esta crisis, pero no quise entrar ahí, no quiero una defensa basada en el ataque, simplemente respondí para darle una información que seguramente no se ha molestado en obtener previamente.

La Iglesia, como institución que es, tiene sus cosas buenas y sus cosas menos buenas; los religiosos, como personas que son, igual. No pretendo abrir un debate sobre ello, simplemente quiero valorar y agradecer la buena labor que hacen, para muchos desconocida. Basta consultar algunas publicaciones para obtener datos de dinero donado y edificios cedidos en la crisis del coronavirus por parte de la Iglesia, pero quiero centrarme en el lado más humano (incluso sobrehumano) de los religiosos que están en primera línea de batalla en hospitales y residencias, de los que hacen una labor silenciosa desde sus conventos y de los que están en un papel tan sumamente discreto que, por no dar más trabajo a los médicos, mueren en sus conventos sin ni siquiera haber informado de los síntomas. De ellos no se habla.

El otro día, una monja muy querida por mí, me comentaba que habían fallecido muchas hermanas de su congregación en las residencias que tienen Madrid. Estos días he leído noticias de sacerdotes ingresados que han renunciado a los respiradores para dárselos a los demás y hoy me he enterado del número de capellanes de hospital infectados y fallecidos por el coronavirus, unos cuantos. Ayer veía la alegría de una monja al recibir de manos de un grupo de voluntarios cantidad de flores para alegrar la residencia que atienden, al principio de la pandemia a monjas de clausura cosiendo mascarillas y hace unas semanas a un grupo de religiosas cantando «Resistiré» con el grupo de personas mayores y discapacitados a los que cuidan, de los vídeos que más me han emocionado en el último mes. Todos ellos expuestos al virus, sin quejarse, sin medidas de protección en muchos casos, y siempre dispuestos a atender a quien lo necesite, bien sean enfermos, familiares o el propio personal del hospital, ¿quién no quiere que alguien le escuche o le proporcione apoyo y consuelo espiritual estando allí? No entienden de horarios ni de personas creyentes o no creyentes, están para todos con absoluta entrega y dedicación.

Además de la labor en residencias y hospitales, son muchos los implicados en el día a día de los que nos quedamos en casa. Algunas parroquias se han actualizado rápidamente a nivel tecnológico para colarse en nuestros hogares y permitirnos así seguir la misa cualquier día de la semana, rezar en comunidad a distancia e incluso mantener las catequesis y otras actividades de su vida parroquial.

Hace unos días escribí una entrada dando las gracias por lo privilegiada que me siento en esta circunstancia tan horrible y por las cosas bonitas que me han ocurrido en medio de esta pandemia. Son muchas las personas a las que dar las gracias en estos momentos, muchos los que se merecen homenajes y aplausos: gran cantidad de profesionales que nos salvan y nos facilitan la vida, los padres, los hijos, los abuelos, los que se quedan en casa, los que aguantan el tirón viendo desmoronarse sus negocios y/o su modo de vida, los que realizan donaciones, los voluntarios, etc. Y también, para mí, ellos, los religiosos, los de la labor invisible y espiritual que tanto significa para muchos. Gracias.

María

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Apagón cultural

Apagón cultural - El blog de María Fernández Dobao

Apagón cultural. Esta es la decisión tomada por muchos artistas o personas que trabajamos en el ámbito de la cultura para los días 10 y 11 de abril, ayer y hoy. La entiendo, pero no la comparto.

Escribo esto con todo el respeto por los compañeros y amigos que sí han decidido sumarse a la iniciativa del apagón cultural, entiendo que la gran mayoría de las personas relacionadas con el sector se encuentra en una situción muy complicada laboralmente (y, en consecuencia, económicamente) y con un futuro no muy halagüeño. Y las declaraciones del Ministro no ayudan a sentirse mejor ni a tener un mínimo de esperanza. Por eso respeto muchísimo la decisión de cada uno y simplemente expongo mi opinión personal.

El apagón cultural no afecta precisamente al Ministro, el apagón cultural afecta a todas las personas que están cumpliendo el confinamiento en su casa, que llevan/llevamos un mes encerradas cumpliendo estrictamente con las normas, a los transportistas que recorren kilómetros con sus camiones para que no estemos desabastecidos, al personal sanitario que llega exhausto a sus casas, etc. Sin duda que las declaraciones del Ministro han sido, cuanto menos, inoportunas, pero el apagón me parece inoportuno también.

Siempre he defendido que no debemos dar gratis nuestro trabajo, que los artistas también tenemos que comer y pagar facturas, pero me he sentido muy orgullosa cuando he visto a amigos músicos estos días compartir su arte en redes sin pedir nada a cambio, ese es su granito de arena, nuestro granito de arena, para soportar mejor este horror. Es lo que ahora podemos dar. Y la gente lo agradece.

Las condiciones profesionales de los artistas no son las mejores, está claro, pero las de las demás profesiones, muchas de las que nos están salvando la vida en estos momentos, tampoco, y nadie ha planteado una huelga ni un apagón. Muchos médicos, enfermeros, auxiliares y celadores están trabajando totalmente expuestos, como bien sabemos, doblando turnos, con contratos precarios, con la incertidumbre laboral de qué ocurrirá después, arriesgando su vida; no he oído decir a ningún ministro que mejorarán sus condiciones laborales ni que les garantizarán mantener sus empleos, si ni siquiera les dan protección ante el virus…, ¿y alguno se ha declarado en huelga? Los transportistas comentaban hace días que no tenían donde parar a comer o descansar porque estaba todo cerrado, ¿alguno se ha declarado en huelga? Cajeras, cocineros, limpiadoras, taxistas, conductores, mensajeros y muchos más estoy segura de que no tienen unas condiciones laborales excelentes ni un futuro prometedor, ¿y si se declararan en huelga ahora? Defiendo y defenderé la Cultura siempre, pero creo que en estos momentos un apagón no es lo adecuado ni lo correcto, ni mucho menos la solución para ponernos en valor, más bien deja a la luz un sentido individualista del gremio en vez de la unión y solidaridad que estábamos demostrando y que tantas veces hemos demostrado. Pero insisto, es solo mi opinión, absolutamente personal y con todo el respeto a las circunstancias y decisiones de cada uno.

Considero que el Gobierno no está siendo muy acertado en muchos aspectos, pero no por eso voy a dejar de aportar lo que yo pueda en estos días. Veremos cómo salimos de esta y cómo los artistas y muchos otros profesionales pueden remontar la terrible cuesta que estamos divisando, sin ingresos y con muchos gastos que afrontar. Espero que las Administraciones lo hagan bien para que todos podamos salir adelante, que no olviden al sector cultural y a ningún otro, y que a ninguno se nos quiten las ganas de hacer lo que podamos por nosotros mismos y por los demás.

María

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