El cuidador

El lunes escuché en la radio que era “El día del cuidador” y pensé en escribir sobre ello al llegar a casa, el caso es que hasta ahora no he podido sentarme a plasmar lo que pienso al respecto.
Los cuidadores, los remunerados y los no remunerados, son dignos de una total admiración por mi parte. Y hablo con conocimiento de causa. En un momento determinado de mi vida surgió la necesidad de contratar una cuidadora, Emi fue primero y Eli después, y a ambas les estaré eternamente agradecida por cómo trataron a mi madre, por sus esmerados cuidados, por su atención y, sobre todo, por su cariño.

Pero quiero hablar, sobre todo, de mi experiencia como cuidadora. Puede parecer incomprensible desde un punto de vista práctico o racional, pero para mí, ser cuidadora ha sido uno de los mejores regalos que me ha hecho la vida. Y doy gracias a Dios por ello. Supuso la oportunidad de devolver al menos una mínima parte de lo que me había sido dado, reconozco que en un primer momento no pensé en eso, el impulso de cuidar llegó a la vez que el diagnóstico, la pasión, ese lado irracional que sale directamente del corazón no dudó en decir, sin palabras y sin buscar una razón, “siempre a tu lado”.

Mi vida cambió porque así lo quise, quizá dejó de corresponderse con la de la mayoría de las chicas de mi edad, pero sin duda era la vida que, en ese momento, yo quería llevar. Hubo momentos durísimos, la situación en sí era objetivamente dura, pero las fuerzas salen de no sabes dónde, y la plenitud que puedes llegar a sentir por un amor entregado de un modo absolutamente desinteresado, amor en estado puro, es inmensa.
Me convertí en madre sin serlo, en enfermera, en chófer, en psicóloga, en organizadora, en secretaria y en todo lo que conlleva procurarle a alguien una vida más digna y fácil. No soy de las que cree que el amor todo lo puede, pero sí que facilita y hace posible cosas como esta, porque sin la fuerza del amor imagino esta labor como imposible.

Cuidar es un desgaste físico y emocional que no siempre es percibido en su dimensión por el entorno, es una actividad que no entiende de horas ni de festivos ni de vacaciones y que, en muchas ocasiones, dura años. Cuidar es, en cierto modo, una actividad de riesgo que puede derivar en “el síndrome del cuidador”. Dar amor es gratificante, cuidar a quien más quieres también, pero hay que reconocer las dificultades a las que se enfrenta el cuidador y la dureza de determinados momentos, situaciones y decisiones que debe tomar. Por eso es importante que el cuidador se cuide a todos los niveles y que sea cuidado por los demás. Yo también tuve esa suerte.

A ser cuidador nadie te enseña, pero ser cuidador te enseña mucho: humildad, amor, agradecimiento, paciencia, relativizar, priorizar, etc. Todo mi apoyo a los cuidadores, no les tengamos en cuenta únicamente cuando se celebra “El día del cuidador”, seamos agradecidos y cuidémosles porque, gracias a ellos, vivimos todos mejor.

María

 
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2 opiniones en “El cuidador”

  1. Hola, sabes es verdad el ser cuidador se requiere de un amor incondicional, por que puede ser que a la persona que cuides no es familiar de uno, sin embargo en cada accion que uno realiza se hace con amor.

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