Febrero

Comienza febrero. Si cerrara los ojos ahora mismo seguro que me quedaría dormida, vuelvo de la ciudad de mi corazón disfrutando del calorcito del sol en mi cara a través de la ventana, repasando momentos sin dejarme llevar por la nostalgia, convirtiendo esta en agradecimiento por haberlos disfrutado.

Este viaje no estaba planificado; como ocurre siempre, tú te organizas y ya está ahí la vida para recordarte que los imprevistos están escondidos a la vuelta de la esquina, preparados para aparecer cuando menos te lo esperas. Ni organización, ni objetivos ni planes de fin de semana, la vida manda. Y el corazón también.

Vuelvo en el tren, tengo ganas de escribir ahora que comienza febrero y habita en mi cabeza el «cinco años ya, qué barbaridad». El otro día, buscando no recuerdo qué en el ordenador, encontré una entrada de blog que escribí en este mismo mes hace tres años:

«Dos años ya. Ayer precisamente me comentaba una amiga que el tiempo es relativo y así lo pienso yo también: ¿dos años es mucho?¿dos años es poco? Depende de para qué. A mi me parece imposible llevar dos años sin abrazarte, quizá lo aguanto porque al no tenerte fuera te siento dentro. Es increíble que la vida siga sin ti, pero así es, todo sigue igual pero nada es como antes. Tuve la suerte de vivir contigo, como si fuéramos una, el millón de horas que duró tu última enfermedad. […] Pero hay que reconocer que en todo ese proceso hemos vivido momentos maravillosos, que lo que hemos compartido y vivido juntas se queda para nosotras y nada ni nadie nos lo puede quitar; aunque suene a tópico, para mí esa es mi mayor riqueza. […]
Tengo en mi escritorio la foto en la que te estoy leyendo un libro en el patio del hospital. Siempre que la miro sonrío, en tu mirada no puede haber más admiración y era yo la que realmente te admiraba, no sé cómo aguantaste tanto. Me río recordando muchos de los momentos que vivimos allí, que en los últimos años era como nuestra casa. […]Qué bien lo hemos pasado, mamá, hasta en esos momentos. Y cuánto te echo de menos».

El día que escribí esa entrada era frío, de cielo azul y sol, seguramente como el que me espere en Madrid. Esta mañana la luz de Sevilla me hacía sonreir sintiendo la vida, precisamente hoy, el día de la Candelaria, de la Luz que nos ilumina. Cuando llegue a casa encenderé una vela, en especial por quien he venido a despedir y por quien he venido a acompañar. Y siempre por ti, mamá.

María

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