La vida es corta…¡come chocolate!

Pues sí, la vida es corta aunque haya etapas que parezcan eternas. Gracias a Dios no me encuentro en una de esas, digamos que últimamente me muevo en un ritmo constante que me permite avanzar sin prisa y sin pausa, en el que los días van pasando sin grandes pesares más allá de ver sufrir, o con preocupaciones importantes, a personas que quiero, que no es pesar liviano para un corazón que late intensamente por la gente que lo ocupa.

El caso es que la vida es demasiado corta y a veces nos olvidamos de disfrutarla. Entre “estreses” varios y la moda que hay ahora de planificar excesivamente todo, en ocasiones parecemos autómatas que no dejamos espacio a la improvisación ni a la sorpresa. Observo en las redes sociales muchos mensajes de “planifica tu mes”, “planifica tus comidas”, “planifica tu trabajo”, etc., y cada vez más marcas sacan agendas, organizadores familiares, mensuales, de menús y todo lo que se nos pueda ocurrir. Me pregunto si alguien añade en la agenda diez minutos de “tiempo para mí” o un espacio prioritario para los amigos, a los que parece que muchas veces dedicamos solo el tiempo que sobra, o si alguien deja un día en blanco para permitir que la vida le sorprenda. Me reconozco muy fan de los organizadores y las agendas, pero con moderación y, sobre todo, con libertad para saltarme lo que en sus páginas he escrito.

Últimamente veo también una moda de no comer azúcar, no comer hidratos, no comer gluten, no, no no… , siempre con el no por delante. Y siempre pienso lo mismo: “mi abuela no podía llevar una vida y una alimentación más sana y saludable, sin ningún excceso en ningún ámbito, y el cáncer se la llevó por delante con 72 años”. Por supuesto que hay que cuidarse, pero con sentido común. La vida es demasiado corta para no disfrutarla, ¿y qué daño puede hacer tomar de vez en cuando un “alimento prohibido”?, según el momento hasta puede resultar más beneficiosa la ingesta que la contención. De nuevo apelo a la moderación y a la libertad. Reconozco también que cuido lo que como y, sobre todo, la cantidad; y cuidarme implica permitirme de vez en cuando uno de esos alimentos que tan nefastos se consideran por su contenido en azúcar, grasa o gluten. No renuncio al vermouth de los domingos ni a la onza de chocolate. ¿Qué sería de la vida sin estos pequeños placeres?

Y hablando de placeres, ahora toca disfrutar de un estupendo desayuno con mis queridas amigas Rocío y Raquel, de Cookies Love Milk”, y Estrella de Pablo, de “Un blog y un paraguas en Londres”. Y sí, tomaremos chocolate y unas deliciosas pastas de té, porque la vida también va de eso.

María

Tarjeta de la foto: “Chocolat Factory”

 

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