La vida

Reflexionaba yo esta semana sobre la vida cuando ayer me sorprendió la muerte. Gracias a Nuria, una magnífica persona, llegó a mis manos un texto de Bert Hellinger sobre la vida con el cual no puedo estar más de acuerdo. La vida, una gran maestra, aquella que te repite una y mil veces la lección hasta que la aprendes, pero qué gusto da cuando ya la has aprendido y puedes vivir con serenidad, en paz contigo y con la propia vida, hasta las piedras del camino. Qué suerte ser capaz de aprender.

Empezó el sábado pasado una semana en la que, además de los momentos buenos, la tristeza, la perplejidad y una alta dosis de realidad quisieron visitarme. Cuando estás «bien, contenta y tranquila», esas tres palabras mágicas, con la lección de la vida aprendida, parece que se hace necesario un repaso para no olvidar que el aprendizaje nunca termina. Me acosté el viernes con el convencimiento de que se había tratado de una semana diferente, simplemente eso, y seguramente necesaria, pero que el sábado el zarandeo habría terminado. Me equivoqué, ayer amanecí con la noticia de que alguien muy cercano e importante para la familia había emprendido su viaje al encuentro con Dios, de Quien tanto nos habló en su vida. Tristeza. Y de nuevo el aprendizaje de poner cada cosa en su sitio y restablecer los valores.

Mañana de domingo. Bien, contenta y tranquila. Con dolor, con serenidad, con satisfacción, con agradecimiento, con ganas de seguir. Con la fortuna de haber aprendido y seguir aprendiendo y, sobre todo, de vivir.

María

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