La Virgen del Rocío

Simplemente Ella.
Quiero escribir y no acierto con las palabras, el sentimiento es tan profundo que no logro plasmarlo como me gustaría y como Ella merece. La Blanca Paloma, La Reina de las Marismas, Pastora, Señora y Madre de Dios. Se cumplen cien años de su Coronación y cualquier homenaje que pueda hacerle en papel se me queda pequeño.
En el colegio siempre nos decían que teníamos dos madres, una en la tierra y otra en el cielo, y este concepto tan abstracto, que de niña aceptaba y repetía sin cuestionar, de adulta se ha convertido en una realidad sin la cual, seguramente, sería mucho más difícil vivir.
No consigo recordar la primera vez que la vi, pero desde entonces creo que no ha habido un año en que no haya ido a visitarla y a rezar en la ermita. Fue con mi madre, la de la tierra, con la que creció mi devoción a la Virgen del Rocío, y es uno de los mejores legados que me pudo dejar. Ella me compró la primera medalla, que ahora vela por mi ahijada desde su cuna, y ella me transmitió su fe. No falto a mi cita en agosto y, desde hace unos años, siempre que puedo sin importar el mes, porque verla a Ella es verlas a las dos.
A Ella acudo de día y de noche, en Ella me refugio y siento su amparo, en Ella confío. Ante Ella lloro y ante Ella canto, porque “quien canta reza dos veces”. Simplemente Ella, la Virgen del Rocío.

María

 
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