Ellos

Llevo días dándole vueltas a escribir una entrada dedicada a los religiosos, a sacerdotes y monjas que tan buena labor están haciendo también en tiempos de coronavirus y de los que tan poco se habla. Desde mi espacio para expresarme, quiero rendirles aunque sea un pequeño homenaje.

El otro día contesté a un tweet de Rosa Montero que decía «Yo no veo que la Iglesia esté haciendo nada solidario en estos momentos tremendos. Aportad edificios, dinero, apoyo, ALGO, por favor. Sois el colectivo más invisible de esta crisis«. Cabrían muchas respuestas a ese comentario, me limité a ser correcta y hacerle ver a la conocida escritora que está muy equivocada: «Que no se dé publicidad a su labor no quiere decir que no la hagan: han cedido edificios, atienden en hospitales, llevan comida a quien lo necesitan, acogen gente, fabrican mascarillas, etc.» Se me ocurren bastantes colectivos mucho más invisibles, entre otras cosas porque no están haciendo absolutamente nada útil en esta crisis, pero no quise entrar ahí, no quiero una defensa basada en el ataque, simplemente respondí para darle una información que seguramente no se ha molestado en obtener previamente.

La Iglesia, como institución que es, tiene sus cosas buenas y sus cosas menos buenas; los religiosos, como personas que son, igual. No pretendo abrir un debate sobre ello, simplemente quiero valorar y agradecer la buena labor que hacen, para muchos desconocida. Basta consultar algunas publicaciones para obtener datos de dinero donado y edificios cedidos en la crisis del coronavirus por parte de la Iglesia, pero quiero centrarme en el lado más humano (incluso sobrehumano) de los religiosos que están en primera línea de batalla en hospitales y residencias, de los que hacen una labor silenciosa desde sus conventos y de los que están en un papel tan sumamente discreto que, por no dar más trabajo a los médicos, mueren en sus conventos sin ni siquiera haber informado de los síntomas. De ellos no se habla.

El otro día, una monja muy querida por mí, me comentaba que habían fallecido muchas hermanas de su congregación en las residencias que tienen Madrid. Estos días he leído noticias de sacerdotes ingresados que han renunciado a los respiradores para dárselos a los demás y hoy me he enterado del número de capellanes de hospital infectados y fallecidos por el coronavirus, unos cuantos. Ayer veía la alegría de una monja al recibir de manos de un grupo de voluntarios cantidad de flores para alegrar la residencia que atienden, al principio de la pandemia a monjas de clausura cosiendo mascarillas y hace unas semanas a un grupo de religiosas cantando «Resistiré» con el grupo de personas mayores y discapacitados a los que cuidan, de los vídeos que más me han emocionado en el último mes. Todos ellos expuestos al virus, sin quejarse, sin medidas de protección en muchos casos, y siempre dispuestos a atender a quien lo necesite, bien sean enfermos, familiares o el propio personal del hospital, ¿quién no quiere que alguien le escuche o le proporcione apoyo y consuelo espiritual estando allí? No entienden de horarios ni de personas creyentes o no creyentes, están para todos con absoluta entrega y dedicación.

Además de la labor en residencias y hospitales, son muchos los implicados en el día a día de los que nos quedamos en casa. Algunas parroquias se han actualizado rápidamente a nivel tecnológico para colarse en nuestros hogares y permitirnos así seguir la misa cualquier día de la semana, rezar en comunidad a distancia e incluso mantener las catequesis y otras actividades de su vida parroquial.

Hace unos días escribí una entrada dando las gracias por lo privilegiada que me siento en esta circunstancia tan horrible y por las cosas bonitas que me han ocurrido en medio de esta pandemia. Son muchas las personas a las que dar las gracias en estos momentos, muchos los que se merecen homenajes y aplausos: gran cantidad de profesionales que nos salvan y nos facilitan la vida, los padres, los hijos, los abuelos, los que se quedan en casa, los que aguantan el tirón viendo desmoronarse sus negocios y/o su modo de vida, los que realizan donaciones, los voluntarios, etc. Y también, para mí, ellos, los religiosos, los de la labor invisible y espiritual que tanto significa para muchos. Gracias.

María

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2 opiniones en “Ellos”

  1. Magnífico post, María. A menudo las ramas no nos dejan ver el bosque y en este caso es así. La labor discreta pasa desapercibida y es una pena. Hay muchos colectivos que permiten que los demás podamos seguir con nuestra vida y el de los religiosos es uno de ellos. ¡Gracias!

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