Así comienza

Fue un 28 de agosto, jueves, la primera vez que le vio; con ese aire desenfadado, ese color gitano, ese diente montado que hacía de su sonrisa algo irresistible y esos ojos que recordaría claros siendo del color de la miel. Aparentemente con el pelo descuidado pero con los rizos colocados en el lugar preciso. A Carlota le recordaba a aquel primo que la tenía loca de adolescente, a esas conversaciones con su madre en las que, mordiéndose el labio inferior, comentaban qué perfectamente despeinado iba siempre. Era de aquellos hombres que se saben guapos. Ahí enfrente permanecía sentado sobre el taburete, con la luz del atardecer resaltando un moreno trabajado y el encanto de la mirada del miope; descalzo, vaquero roto y camisa azul por fuera con los botones calculadamente desabrochados. Ese fue el instante en que, sin saberlo ella, él entró en su vida.