Semana Santa

Semana Santa cancelada. Se suprime la Semana Santa. Este año no habrá Semana Santa. Titulares que todos hemos leído en las últimas semanas y que, desde mi punto de vista, no responden a la realidad: podrán suprimirse las procesiones, las manifestaciones externas religiosas y culturales, no podrán viajar los que pensaban irse de vacaciones, pero la Semana Santa se mantiene porque es, para los cristianos, la conmemoración de la Pasión de Cristo, y eso es independiente de que podamos reunirnos en una iglesia o vivir las procesiones con la emoción a flor de piel.

Sin duda es una Semana Santa diferente y también ha sido una Cuaresma distinta, una buena oportunidad para vivir la Pasión desde nuestro propio sufrimiento ante la barbaridad en la que estamos inmersos desde hace semanas. Una oportunidad para acercarnos más a Dios y vivir esta época hacia dentro, en esa comunión íntima y directa que a veces se nos olvida y que puede llegar a perderse cuando, en estos días, solo pensamos en viajar o en «perseguir» procesiones. Una oportunidad de vivirla también hacia afuera a través del perdón, la caridad, la solidaridad y el agradecimiento.

Hay Semanas Santas que recuerdo con especial emoción. Las que pasaba de pequeña en Ciudad Real, la casa de mi abuela parecía un muestrario de túnicas, algunos primos salíamos de penitentes y otros con el tambor; recuerdo el sonido de las cadenas rozando el asfalto en la nocturna procesión del Silencio, sobrecogedor. La Semana Santa de Madrid de 2016, a la que pertenece la foto que acompaña esta entrada, cuando tuve el privilegio de acompañar el paso de Jesús de Medinaceli el Viernes Santo. Y la Semana Santa de Sevilla de hace tres años, absoutamente inolvidable, si empezara a escribirla no pararía. Momentos únicos en mi vida.

El confinamiento me está permitiendo hacer algo que nunca había hecho: leer todos los días con mis sobrinas pequeñas el Evangelio y comentarlo después. Ellas también echan de menos las procesiones y esta es una manera de que entiendan que, aunque no podamos salir a la calle, sí podemos vivir la Semana Santa en casa recreando a través de la lectura la Pasión de Jesús. Y, por supuesto, no han faltado las palmas del Domingo de Ramos, hechas por nosotras con un simple folio, ni las torrijas; las tradiciones son las tradiciones. Me ha llenado de alegría que mi ahijada mayor me preguntara la receta de la abuela para hacerlas ella en su casa, ya que no podía venir a hacerlas conmigo como otros años, y me ha encantado que mi ahijada pequeña, con ayuda de su padre, haya hecho su primer paso de palio sin que faltara detalle: los varales, la Virgen, las flores, etc.

Una Semana Santa diferente, quizá más religiosa que nunca. Echo de menos las procesiones y pasar parte de estos días con quien es deseo y costumbre compartir unos días cuando no hay cole. Estoy segura de que esta Semana Santa también será inolvidable.

María

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8 opiniones en “Semana Santa”

  1. María qué bonito, y qué razón llevas, este año no sólo será diferente, la Semana Santa será especial, el confinamiento nos ha acercado aún más a las familias y ha sacado lo mejor de una sociedad que ante todo es solidaria.

  2. Donde hay base y principios,un confinamiento no puede dejar de aflorar en estas fechas lo tantas veces vivido
    Enhorabuena por expresarlo tan bien y hacerlo vivir en tu entorno infantil.

  3. Me encanta leerte María! Yo tambien lo creo! Esta Semana será única porque nunca volveremos a tener una igual. Totalmente dedicados a vivirla y estar atentos a las misas y oraciones! Y es nuestras primera juntas!

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