EMOCIONES

Emociones - El blog de María

Los últimos días han sido de emociones muy intensas. Quise escribir sobre ello hace una semana, pero preferí esperar para que el texto no fuera simplemente una catarsis. Para mi sorpresa, me encontré con más emociones esperándome a la vuelta de la esquina, unas más agradables que otras, todas directas al corazón.

El viernes día 9 se apoderó la rabia de mí. Esa actitud soberbia del actual presidente del Gobierno de España me encendió completamente. Sentí rabia, tristeza, enfado, no por las medidas tomadas, sino por esa actitud tan prepotente de me da igual lo que diga la Justicia y su Tribunal Superior, yo impongo lo que me dé la gana; «porque yo lo valgo», sí, señor, le vamos a dar el premio Loreal al hombre del año. El teléfono no paraba, y una de las veces no fue precisamente para comentar la barbaridad que estamos viviendo, sino para comunicar el fallecimiento de un familiar. La rabia aumentó por no poder acompañar al resto de seres queridos, y se unió el dolor.

El domingo posterior el gran Rafa Nadal me hizo vibrar de emoción, de alegría, de orgullo. Fuerza, trabajo, costancia, humildad, espíritu, educación, empatía, superación, consideración hacia los demás. No se me olvida su mirada brillante con el himno de España. Consiguió que sus lágrimas fueran las mías, porque alguna se me cayó, y el resto salieron el día siguiente al ver y sentir el acto celebrado en la Plaza de la Armería del Palacio Real con motivo de la Fiesta Nacional. Este acto y Nadal provocaron la necesidad de gritar «Viva, España», es más, eso mismo acompañado de una palabra que, por malsonante, no quiero escribir aquí. Despertaron la emoción por un país que es mucho más que uno de los pimeros del mundo en cuanto al número de víctimas de la pandemia y que una panda de políticos de los que mejor no hablar. Lágrimas por orgullo de sentimiento nacional, por los que ya no están y por los que siguen, cada uno desde su sitio, dando lo mejor de sí mismos por y para los demás.

Como decía mi padre esa noche, «hemos llorado más en tres días que en todo el año». Pero la vida siempre te tiene algo guardado para cuando no lo esperas, y el miércoles llegó otra mala noticia. De nuevo las emociones dadas la vuelta, las lágrimas de dolor y sorpresa, el agradecimiento porque quien se fue no sufrió y por la fortuna de haberla tenido en mi vida, la preocupación por los que se quedan, los recuerdos de las últimas celebraciones, la nostalgia de las fotos que nunca volverán a repetirse. Emociones metidas en la centrifugadora. Después de la tempestad, la calma, con un agotamiento físico y emocional considerable, pero la vida sigue.

Y precisamente la vida me tenía preparados varios regalos el sábado, justo hace una semana, todos llenos de emociones bonitas, con un fin de fiesta de lágrimas también bonitas. Lágrimas de «ole, tú», lágrimas por quien te toca y por lo que te toca el corazón: mi compadre Alejandro Vega cantando «Teresa«, maravillosa canción de Alejo Martínez y Paloma Ramírez conocida por la interpretación de Pasión Vega. Ole tú por haber tenido el valor de presentarte a un concurso televisivo de talentos con la trayectoria que llevas a tus espaldas, y ole tú por esa manera de cantar tan directa al corazón, creador de emociones. Quien no haya visto la actuación puede disfrutarla pinchando en este enlace: Tierra de Talento-Canal Sur

Emociones intensas, o emociones que yo vivo intensamente. Porque estoy viva, porque tengo la dicha de estarlo, la capacidad de sentir y la suerte de poder comunicarlo, con lágrimas, con palabras, con música, con miradas. Nos faltan los abrazos y los besos, pero no debe faltarnos la capacidad de emocionarnos, sería morir en vida. Esta tarde me emocionaré, lo sé, el responsable un pequeño de 12 años al que le estoy muy agradecida. Espero estar a la altura.

María

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