Felicidad(es)

Felicidades - El blog de María Fernández Dobao

Hace poco fue mi cumpleaños y me dio por reflexionar sobre la palabra que siempre se dice en esa ocasión: felicidades. Comentaba con mi padre si realmente somos conscientes de lo que queremos comunicar, ¿estamos deseando felicidad (o felicidades varias) a la persona en cuestión o estamos compartiendo, celebrando su felicidad, nuestras felicidades, por el acontecimiento?

En cualquier caso, la reflexión derivó a la felicidad. Según la RAE, la felicidad es un «estado de grata satisfacción espiritual y física». La pregunta «¿eres feliz?» me resulta compleja, podría decir que siento un bienestar general que me permite disfrutar de la felicidad, de ese estado de satisfacción que puede ser más o menos breve o más o menos largo. Últimamente he tomado conciencia de momentos de felicidad, no solo de bienestar, y la sensación que la acompaña es altamente satisfactoria y digna de recordar. El recuerdo de esos momentos también viene acompañado de la satisfacción, incluso de la sensación que se vivió; cuando tu cabeza vuela, tu cara cambia y tu boca toma forma de sonrisa…Eso también son momentos de felicidad.

Esos momentos son como píldoras reconfortantes, pero no siempre estamos en disposición de reconocerlos o apreciarlos. No me ha tocado la lotería ni me ha surgido la oportunidad de realizar un viajazo con los gastos pagados, no me han dado de repente una plaza definitiva para poder despreocuparme de las habichuelas ni ha resucitado ninguno de los que se fueron. Pero la vida me ha regalado momentos de esos que te permiten decir «esto es felicidad», y últimamente los reconozco a la primera, como estar escribiendo esta tarde lluviosa de domingo.

Felicidad es ver la lista de tareas pendientes y decir «hoy es domingo, la tarde para mí» sin sentirte culpable, felicidad es poder elegir, felicidad es estar ahora mismo escuchando los conciertos de Brahms y ver al lado del ordenador en el que escribo el último regalo que me han hecho: dos miradas llenas de amor que traspasan el papel que las soporta. Felicidad es recordar el antes, el durante y el después de la foto que acompaña esta entrada, felicidad es jugar por la mañana en la cama con mis amores, felicidad es poder abrirte y que se abran contigo sin juzgar ni ser juzgado, felicidad es contemplar la Esperanza desde una azotea rodeada de buena gente, felicidad es que te regalen tiempo, felicidad es bailar en medio de la pista sintiéndote libre, felicidad es dar y que el otro esté dispuesto a recibir, felicidad es sentirte en paz y disfrutar de todas esas cosas que muchas veces pasan desapercibidas, no reconocemos o no le damos el valor que tiene.

Te deseo que te sientas feliz, que te sientas bien para poder reconocer y disfrutar ese «estado de grata satisfacción espiritual y física». Te deseo que te permitas, al menos, momentos de felicidad.

María

 
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¡Felicidades, papá!

Felicidades - Blog Maria Fernandez Dobao

Hoy es tu cumpleaños, y qué menos que dedicarte algunas letras en una entrada. Sí, ya sé que es algo muy personal como para publicarlo, pero creo que después de «Infinito, infinito y punto final» ya nos hemos acostumbrado a que escriba ( y publique) sobre sentimientos que pueden considerarse pertenecientes a la intimidad.

Quiero decirte y, por qué no, compartir que tengo el mejor padre que podría tener, y que todo el mundo lo sepa. Con tus virtudes y tus defectos, tus presencias y tus ausencias,  tus aciertos y tus errores, tus alabanzas y tus críticas, tus lágrimas y tus risas y, sobre todo, con un corazón lleno de bondad y amor que todo el mundo admira. De pequeña me llamaban «Benjamina» porque me parecía a ti, ojalá eso fuera cierto y no se quedara únicamente en lo visible, ojalá en mis genes se convirtiera en dominante la generosidad y alegría que llevas en los tuyos.

He sido envidiada por la relación que tenía con mamá y, desde que emprendió su último viaje,  lo soy por la relación que tengo contigo. Más de un amigo me ha dicho «ojalá cuando mi hija crezca, tengamos una relación como la que tenéis tu padre y tú». Soy afortunada por tenerte, eres mi gran suerte y mi motor. No cambiaría por nada del mundo nuestras llamadas diarias simplemente para saber cómo estamos, el vermouth de los domingos, los cines y teatros, las ya tradicionales escapadas a Sevilla y el descanso en nuestro paraíso, las confesiones y confidencias a cualquier hora, las dudas que compartimos y un sinfín de sentimientos dificilmente explicables que solo tú y yo conocemos por todo lo que nos ha tocado vivir y, gracias a Dios, compartir.

Seguramente ya estarás llorando, mira que eres sensible, así que voy a dejar de escribir; no sin antes decirte que el gesto que tienes en esta foto es el que me gusta, ese sí, ya sabes por qué te lo digo. Esa mirada de amor, de orgullo, de satisfacción por estar compartiendo momentos de felicidad con tu nieta mediana, mi ahijada, otro de mis grandes amores que, como su madrina, también te adora.

Te quiero, papá.

 

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