SÍ HAY NAVIDAD

HAY NAVIDAD

Sí hay Navidad, claro que hay. Últimamente he leído en redes sociales y he oído en más de una ocasión frases como «Este año no hay Navidad», «¿Y qué si no hay Navidad?», «Igual que no hubo Semana Santa no hay Navidad», etc. No salgo de mi asombro. No me extrañan esos comentarios en personas no creyentes, de hecho los entiendo porque para ellos no hay Navidad, en sentido literal, ningún año; hay solsticio de invierno o simplemente unos días libres, estupendo, pero que un creyente considere que no hay Navidad porque estamos en pandemia me parece sorprendente además de preocupante.

Navidad viene del latín «nativitas», que quiere decir nacimiento. En Navidad conmemoramos el Nacimiento de Jesús, que Dios se hizo hombre y nació como un bebé, Dios encarnado. Y eso es así con pandemia y sin pandemia, como decía el sacerdote esta mañana en misa: «el Señor viene; venir, viene; a pesar del COVID o, precisamente, por el COVID». Y en Navidad es lo que celebramos. Seguramente Jesucristo no nació el 25 de diciembre, esa fecha la declaró el emperador Constantino como la oficial para celebrar el nacimiento de Jesús y desde entonces es cuando celebramos la conmemoración de este hecho tan importante para los cristianos. Normalmente lo hacemos en familia, comiendo, cantando villancicos, regalando, etc; este año muchas costumbres no pueden mantenerse, pero eso no significa en ningún caso que no haya Navidad. El otro día le comentaba a un amigo que no me parecía momento de hacer un drama por no vernos cuando, en nuestro caso, deberíamos estar agradecidos por seguir estando aquí, con muchos kilómetros de distancia, pero aquí, y unidos por un sentimiento con el que ni kilómetros ni pandemias pueden acabar.

Me da pena no compartir presencialmente estos días con personas con las que suelo hacerlo, me da pena no hacer las escapadas que siempre hago aprovechando estas vacaciones, pero gana el profundo agradecimiento por seguir aquí y unidos, por mantener la capacidad para disfrutar y por haber podido reorganizar comidas y cenas para celebrar la Navidad sin ponernos en riesgo. He sentido dolor por amigas que necesitaban reunirse con su familia en otra ciudad y hasta el último momento han sufrido la incertidumbre de poder hacerlo o no. Siento también dolor por amigos y familiares en cuyas mesas van a faltar personas importantes, no por la limitación de personas y desplazamientos, sino porque este año nos han dejado. Pese a todo, tienen claro que este año hay Navidad, porque la hay; la celebración será diferente y las ausencias irreemplazables, pero habrá Navidad, sin duda, porque el Niño Jesús nació y eso es lo que los cristianos celebramos, que no se nos olvide.

En casa falta desde hace años la persona más importante, la que, además, me enseñó a celebrar este acontecimiento que conmemoramos el 24 y el 25 de diciembre. Quizá por eso también estos días cobran más sentido para mí, lejos de entristecerme siento la alegría de vivirlo como a ella le gustaba, de escuchar y cantar villancicos, de preparar con esmero la mesa y las viandas incluso cuando solo vayamos a ser dos; es más, creo que si fuera yo sola también lo prepararía así, porque ella me enseñó la esencia de la Navidad y a vivir. Me gusta poner el mantel que le regaló su mejor amiga, bordado a mano por las monjas, los bajoplatos que con tanta ilusión compró, pensar el menú y los detalles, sacar la cristalería buena e ir a la Misa del Gallo para festejar y agradecer que nace el niño Jesús.

Pienso mucho en las personas con circunstancias complicadas y en las que tienen grandes dificultades para vivir y sobrevivir. Soy una privilegiada, lo sé, y muy afortunada además por poder vivir y sentir la Navidad. En la ciudad de mi corazón saben que los echo muchísimo de menos, pero que cada día que pasa es uno ganado. Mis «papis» de Sevilla, este año nos nos vemos, mis «niñas» de allí y la familia que me ha elegido: ya queda menos.

A todos: muy feliz Navidad.

María

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Tiempo de espera

Tiempo de espera - El blog de María Fernández Dobao

Primer domingo de Adviento, comienza el tiempo de espera. En unas semanas celebraremos la Navidad, que no se nos olvide a los creyentes que es eso lo que celebramos: la Navidad, el Nacimiento de Jesús. Ayer me llamó una amiga por la tarde y me dijo «Qué gusto, por fin vuelven a estar los Reyes Magos en la calle Velázquez», «Y el Nacimiento en la Puerta de Alcalá», le contesté yo. Parece que la Navidad vuelve a Madrid, con todos los respetos a los que festejen el solsticio de invierno, pero la Navidad es otra cosa.

Hoy empezamos a preparar la llegada del Señor. Si cuando viene algún ser querido que vive fuera estamos nerviosos desde días antes, preparando su llegada con máxima ilusión, ¿cómo no preparar la venida del que nunca defrauda, de Dios hecho hombre? El Adviento es una espera activa, es una espera con ilusión, es una espera que merece ser preparada como la mejor. No se trata solo de poner las luces y empezar a comprar regalos; para mí el Adviento no es únicamente una época de espera alegre, también supone una especie de «Cuaresma» de la Navidad, un periodo de reflexión sobre lo que puedo hacer para ser mejor persona, para facilitar la vida a los que tengo alrededor, para compartir mi sentimiento de alegría, para pedir perdón y perdonar, para llegar lo más limpia posible al gran Día, a la gran Noche; igual que procuro que mi casa esté lo mejor posible para cuando lleguen los invitados, también quiero estarlo yo.

El año pasado por estas fechas te contaba el calendario de Adviento que había hecho para una de mis ahijadas. Este año he seguido la misma idea pero no solo para ella y su familia, también para mí: cada día, además de la chocolatina o caramelo correspondiente, un «deber» para hacer diferente este tiempo de espera. Ir a ver a la Virgen, invitar a los abuelos a merendar, pedir perdón a alguien a quien haya hecho daño, dar gracias a Dios por cinco cosas al acostarme, enviar una felicitación de Navidad, donar algo a personas necesitadas, preguntar a un amigo cómo está desde el corazón, rezar también por quien me haya hecho sufrir, etc. Lo ideal sería tener estos hábitos durante todo el año, porque además Jesús llega a nuestra vida todos los días, pero al menos que en este tiempo de espera no se nos olviden estas pequeñas cosas que, en mi opinión, hacen la vida mejor y tan importantes son.

Adviento, tiempo de espera y de esperanza. ¿Te animas a vivirlo con su verdadero sentido?

María

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