Verano

Verano - El blog de María Fernández Dobao

Verano. Sobre ti empecé a escribir hace unas semanas, estando todavía en mi paraíso, después de reflexionar una tarde con mi padre sobre la vida. Hablábamos de lo importante que es disfrutar de lo que tenemos y lo que somos, que no se puede vivir con miedo, ni instalado en el drama ni la queja, que todo tiene su lugar y debemos estar siempre agradecidos. Acababan de robarme la cámara de fotos, y a principio de verano lo robado fue la confianza, que duele mucho más, pero aún así nos sentíamos agradecidos por el verano que estábamos disfrutando. El hurto de la cámara podía haber sido mucho peor, y lo otro fue una oportunidad para aprender. En ambos casos, aunque resulte paradójico, quien se lo lleva es quien pierde.

No estábamos dispuestos a pasar los días que quedaban de vacaciones con las puertas cerradas a cal y canto, a perder nuestra libertad, a no confiar. Hacíamos balance del verano, un verano estupendo en el que, pese a determinados acontecimientos, he disfrutado como hacía tiempo, he viajado, conocido a personas maravillosas, he vivido la alegría, el perdón, la amistad, la paz, he aprendido, he crecido, he sentido, me he emocionado, he reído, he llorado, en definitiva, he vivido intensamente unas semanas en las que ha habido situaciones dolorosas, pero todo, lo bueno y lo malo, me ha llevado a un sentimiento de agradecimiento que espero no perder nunca.

Igual te estás preguntando por qué no publico esa entrada que empecé a escribir en verano y por qué escribo esta otra en su lugar. Porque, una vez más, la vida me ha recordado lo poco que vale planificar; terminarían las vacaciones de verano y volveríamos a Madrid, nos despediríamos como siempre de nuestros amigos («el año que viene alguno más, pero ninguno menos»), enseguida empezaría a trabajar en el conservatorio y el año lo iba a organizar de tal manera, pero no, septiembre ha llegado con un bofetón de realidad, recordándome que lo que damos por seguro en absoluto lo es, ni siquiera la vida.

El verano se va y se lleva con él a A.G. Y yo no puedo publicar ni escribir nada hoy sin recordarle, prácticamente no he hecho otra cosa en lo que llevamos de semana. Él es sinónimo de verano, de diversión, de vivir, de amistad, de protección, de complicidad, de generosidad. Todavía le oigo decir hace pocos días, apenas separados por un muro, «mira cómo mueve la cabeza el búho», y le estoy viendo con las tres cervezas que nos llevó a casa al vernos subir sedientos de la playa. No me hago a la idea. Y no sé si el verano que viene seremos alguno más, pero duele mucho ser uno menos.

Quedan unos días para que empiece el otoño y, con todo, doy gracias a Dios. Doy gracias por A.G. Doy gracias por un mensaje precioso que he recibido esta mañana y por otro inesperado. Doy gracias por tanto. Doy gracias por vivir.

María

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