Tiempo de espera

Primer domingo de Adviento, comienza el tiempo de espera. En unas semanas celebraremos la Navidad, que no se nos olvide a los creyentes que es eso lo que celebramos: la Navidad, el Nacimiento de Jesús. Ayer me llamó una amiga por la tarde y me dijo «Qué gusto, por fin vuelven a estar los Reyes Magos en la calle Velázquez», «Y el Nacimiento en la Puerta de Alcalá», le contesté yo. Parece que la Navidad vuelve a Madrid, con todos los respetos a los que festejen el solsticio de invierno, pero la Navidad es otra cosa.

Hoy empezamos a preparar la llegada del Señor. Si cuando viene algún ser querido que vive fuera estamos nerviosos desde días antes, preparando su llegada con máxima ilusión, ¿cómo no preparar la venida del que nunca defrauda, de Dios hecho hombre? El Adviento es una espera activa, es una espera con ilusión, es una espera que merece ser preparada como la mejor. No se trata solo de poner las luces y empezar a comprar regalos; para mí el Adviento no es únicamente una época de espera alegre, también supone una especie de «Cuaresma» de la Navidad, un periodo de reflexión sobre lo que puedo hacer para ser mejor persona, para facilitar la vida a los que tengo alrededor, para compartir mi sentimiento de alegría, para pedir perdón y perdonar, para llegar lo más limpia posible al gran Día, a la gran Noche; igual que procuro que mi casa esté lo mejor posible para cuando lleguen los invitados, también quiero estarlo yo.

El año pasado por estas fechas te contaba el calendario de Adviento que había hecho para una de mis ahijadas. Este año he seguido la misma idea pero no solo para ella y su familia, también para mí: cada día, además de la chocolatina o caramelo correspondiente, un «deber» para hacer diferente este tiempo de espera. Ir a ver a la Virgen, invitar a los abuelos a merendar, pedir perdón a alguien a quien haya hecho daño, dar gracias a Dios por cinco cosas al acostarme, enviar una felicitación de Navidad, donar algo a personas necesitadas, preguntar a un amigo cómo está desde el corazón, rezar también por quien me haya hecho sufrir, etc. Lo ideal sería tener estos hábitos durante todo el año, porque además Jesús llega a nuestra vida todos los días, pero al menos que en este tiempo de espera no se nos olviden estas pequeñas cosas que, en mi opinión, hacen la vida mejor y tan importantes son.

Adviento, tiempo de espera y de esperanza. ¿Te animas a vivirlo con su verdadero sentido?

María

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