VOLVER

Volver a casa, volver a Madrid, volver a trabajar, volver a la rutina, volver a estudiar… Sobre eso llevo pensando escribir las últimas semanas, pero hoy me he despertado con ganas de llorar pensando en cómo es posible que volvamos a este despropósito y a este espectáculo tan bochornoso en el que el bienestar y la salud de los ciudadanos es lo que menos parece importar.

Miles de muertos, de supervivientes con secuelas, de familias destrozadas, de sectores (que son personas, al fin y al cabo) con el agua al cuello y aquí lo único que importa es echar mierda, con perdón de la expresión, al contrario; todavía no se han enterado de que en esta situación no puede haber contrarios, que tenemos que ir todos a una, que no se puede politizar una pandemia, que no se puede mentir continuamente ni ir por detrás, que ya está bien, por favor. Ya está bien de expertos que no existen, de medidas aleatorias, de eslóganes que son palabras vacías y falsedades, de falta de decisión, de esta fijación destructiva en vez de colaborativa con Madrid, de no contar la verdad, de distraer la atención de lo verdaderamente importante, de frivolizar, de reuiones que son una farsa, de medios manipulados… De verdad, a dónde vamos a ir a parar, por favor, no todo vale.

Menos mal que quedan cosas bonitas a las que volver. He vuelto a la ciudad de mi corazón ante la perspectiva de no poder hacerlo en mucho tiempo, he vuelto a disfrutar de una celebración en familia pese a las limitaciones, he vuelto a ilusionarme con las clases presenciales pese a las medidas que debemos tomar para protegernos, he vuelto al estudio porque es el camino para lo que quiero conseguir pese a lo incierto que es el futuro… He vuelto a ver personas dispuestas a dar lo mejor de sí mismas: personal sanitario, profesores y equipos directivos, sacerdotes y un sinfin de profesionales que siguen al pie del cañón para que no nos acabemos de hundir. Gracias a todos ellos.

Volver a leer y a escribir un domingo por la mañana en la butaca de mi cuarto, con el sol entrando por la ventana, me recuerda lo aforunada que soy y la belleza de lo simple. Volver a cerrar los ojos y disfrutar de los que quiero aunque no pueda tocarlos, sentir todos los privilegios que me ha regalado la vida y el deber de aportar todo lo bueno que pueda para el bienestar de los demás. El miedo, la rabia, el dolor, incluso el asco, no pueden vencer. Siempre hay tanto bueno a lo que volver…

María

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